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Ola de violencia yihadista en el norte de Mozambique

Fanáticos del ISIS arrasan aldeas cristianas en Mozambique: decapitaciones, incendios y desplazamiento masivo

Decenas de cristianos decapitados, aldeas quemadas y miles de desplazados tras los últimos ataques del Estado Islámico en Cabo Delgado

Periodista Digital 08 Ago 2025 - 11:25 CET
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Mozambique vuelve a aparecer en el foco internacional por una tragedia que se repite: la violencia yihadista en el norte del país.

Esta semana, soldados afiliados al Estado Islámico (ISIS) han atacado cuatro aldeas de mayoría cristiana en la provincia de Cabo Delgado.

La ofensiva ha dejado un saldo de decenas de personas decapitadas, casas e iglesias incendiadas y un éxodo masivo de familias que huyen del horror.

Las imágenes y testimonios filtrados a medios internacionales y organizaciones humanitarias refuerzan la gravedad de la situación, calificada por algunos observadores como «un genocidio silencioso».

La provincia de Cabo Delgado, rica en recursos y estratégica para proyectos energéticos, lleva años siendo escenario de violencia intermitente, pero la reciente escalada ha alcanzado un nivel de brutalidad que ha conmocionado incluso a quienes siguen de cerca el conflicto africano.

Los combatientes del ISIS no solo buscan el control territorial y económico, sino la eliminación sistemática de comunidades cristianas, a través de asesinatos, torturas y la destrucción de su patrimonio religioso.

Un ataque planificado y devastador

El ataque comenzó la madrugada del pasado miércoles en aldeas de la región de Chiure. Grupos de hombres armados, identificados como miembros de la Provincia del Estado Islámico en Mozambique (ISMP), irrumpieron en las aldeas disparando y prendiendo fuego a viviendas y templos cristianos. Los yihadistas documentaron su acción con fotografías y vídeos, difundidos después en canales afines, que muestran cuerpos decapitados y casas aún humeantes.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre el 20 de julio y el 3 de agosto, los ataques han provocado el desplazamiento de casi 60.000 personas, la mayoría cristianos que han abandonado todo para salvar la vida. Es la ola de desplazamiento más grande desde febrero de 2024. La ONU alerta de una crisis humanitaria, con miles de personas sin acceso a alimentos, agua ni refugio, y con recursos insuficientes para atender a los nuevos desplazados.

El contexto de la violencia: raíces y consecuencias

La región de Cabo Delgado sufre desde 2017 una insurgencia islamista que ha ido ganando fuerza y sofisticación. El Estado Islámico ha aprovechado la debilidad institucional, la pobreza y la falta de oportunidades para reclutar combatientes y expandir su influencia. En los últimos dos años, la violencia se ha recrudecido: ataques a aldeas, secuestros, asesinatos selectivos y destrucción de infraestructuras.

El objetivo declarado del ISIS en África Central es «eliminar las comunidades cristianas» y establecer un régimen propio. Según expertos en seguridad, el grupo yihadista utiliza el terror como herramienta de control social, imponiendo a la población civil la opción de someterse, huir o morir. La comunidad internacional, aunque ha condenado los hechos, sigue sin articular una respuesta eficaz para frenar la expansión del ISIS en la región.

Impacto geopolítico y económico

La violencia en Cabo Delgado tiene implicaciones que trascienden lo local. La provincia alberga uno de los mayores proyectos de gas natural licuado del continente, actualmente paralizado por la inseguridad. Empresas internacionales, como TotalEnergies, han suspendido sus operaciones tras ataques previos, lo que agrava la situación económica y deja a miles de trabajadores sin empleo.

El desplazamiento masivo y la destrucción de infraestructuras básicas suponen un golpe para la ya precaria economía local. Más de un millón de personas corren el riesgo de perder el acceso a servicios esenciales, y el miedo se ha instalado en aldeas y ciudades de la región.

Una emergencia ignorada

Pese a la gravedad de los hechos, la crisis de los cristianos en Mozambique sigue sin recibir la atención internacional que merece. Organizaciones humanitarias denuncian la falta de recursos y la dificultad para acceder a las zonas afectadas. Muchos supervivientes relatan que se sienten abandonados por las autoridades y la comunidad internacional. La comparación con otras limpiezas étnicas y religiosas del siglo XX es inevitable: «Lo que pasa en África, a los cristianos, parece como de segunda o tercera división y es tan terrible. En pleno siglo XXI», señalaba recientemente un análisis en prensa española.

¿Qué puede ocurrir ahora?

La situación es crítica y el futuro incierto. La comunidad internacional enfrenta el reto de responder con rapidez y contundencia para evitar una catástrofe mayor. Los expertos advierten que, si no se detiene la ofensiva yihadista, el norte de Mozambique podría convertirse en un santuario para grupos terroristas, con consecuencias imprevisibles para la región y el mundo.

Mientras tanto, miles de cristianos mozambiqueños siguen huyendo, sobreviviendo como pueden, esperando que la atención global y la ayuda lleguen antes de que sea demasiado tarde. La historia reciente demuestra que, cuando la comunidad internacional mira hacia otro lado, el precio lo pagan siempre los más vulnerables.

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