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Los planes de Putin

Rusia reorganiza su poder militar en África: del Grupo Wagner al Africa Corps

El Kremlin sustituye al controvertido grupo mercenario por una fuerza paramilitar bajo mando estatal, en busca de mayor control y legitimidad en el continente africano

Periodista Digital 25 Ago 2025 - 16:00 CET
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Atrás quedan los uniformes irregulares y las caras tapadas de los mercenarios Wagner. En su lugar, el Africa Corps, una fuerza paramilitar formalmente bajo el paraguas del Ministerio de Defensa ruso, toma el relevo con disciplina y objetivos renovados.

Esta transición marca un giro estratégico para el Kremlin en el continente africano, en medio de una competencia global por la influencia y los recursos.

A día de hoy, 25 de agosto de 2025, Rusia consolida así su presencia en una región marcada por la retirada de potencias occidentales, el auge de juntas militares y una creciente demanda de seguridad.

El repliegue de Wagner no supone una retirada rusa, sino la búsqueda de un control más directo y, sobre todo, de una imagen menos tóxica ante la comunidad internacional.

¿Qué ha sido del Grupo Wagner?

El Grupo Wagner, conocido por su brutalidad y opacidad, ha dejado una huella indeleble en países como Malí y República Centroafricana. Tras la rebelión de Yevgueni Prigozhin en 2023 y su posterior muerte, la estructura de la empresa militar privada quedó en entredicho y su futuro en África, incierto. En junio de 2025, Wagner anunció su retirada de Malí tras tres años y medio de operaciones. El mensaje en su canal de Telegram era claro: “La misión ha concluido. La empresa militar privada Wagner regresa a casa”.

Sin embargo, la salida de Wagner no implica el fin de la influencia rusa. El Africa Corps, bajo mando directo del Ministerio de Defensa ruso y liderado por el viceministro Yunús-bek Yevkúrov, absorbe parte del personal y mantiene la operatividad en el terreno, aunque bajo una estructura militar jerárquica y más transparente. En la República Centroafricana, epicentro de las operaciones de Wagner tras la salida francesa, el gobierno local ha recibido presiones del Kremlin para firmar un contrato con el Africa Corps, valorado en 15 millones de dólares mensuales, lo que supondría casi el 40% del presupuesto nacional.

Mientras tanto, las denuncias por violaciones de derechos humanos cometidas por Wagner persisten, con acusaciones de masacres, ejecuciones extrajudiciales y explotación ilegal de recursos naturales como diamantes y oro. Algunos de sus combatientes se integrarán en el Africa Corps, pero la dirección y los métodos cambian: menos opacidad, más disciplina, aunque el impacto real de este cambio aún genera dudas entre socios africanos y observadores internacionales.

El Africa Corps: una réplica bajo control

La creación del Africa Corps responde a la necesidad del Kremlin de institucionalizar su presencia militar en África y distanciarse de la narrativa mercenaria que tanto daño ha hecho a su reputación internacional. Esta nueva fuerza, compuesta por comandantes de élite del ejército ruso y veteranos de Wagner, opera ahora en Malí y República Centroafricana, colaborando estrechamente con ejércitos locales en la lucha contra insurgencias y grupos yihadistas.

El Africa Corps no es una empresa privada, sino una extensión oficial del Estado ruso. Esto le proporciona mayor legitimidad ante gobiernos africanos y reduce riesgos legales y reputacionales para Moscú, que busca consolidar su posición como socio de seguridad fiable frente a la inestabilidad regional y la salida de Francia y otros actores occidentales.

Diferencias clave: Wagner vs Africa Corps

Característica Grupo Wagner Africa Corps
Estructura Privada, opaca Militar, bajo mando estatal
Liderazgo Prigozhin (fallecido) Ministerio de Defensa ruso
Operatividad Encubierta, irregular Oficial, disciplinada
Relación con Moscú Vínculos informales Control directo Kremlin
Imagen internacional Muy dañada Búsqueda de legitimidad

¿Cuál es el plan de Putin?

La sustitución de Wagner por el Africa Corps es mucho más que un simple cambio de nombre. Se trata de un movimiento calculado por Vladimir Putin para rebrandear su política africana, ganar legitimidad y asegurar el control de las operaciones militares y económicas en la región. Con el nombre Wagner gravemente dañado tras la insurrección y las sanciones internacionales, el Kremlin opta por una fuerza estatal que le permita presentarse como socio legítimo y evitar el estigma de los mercenarios.

La estrategia de Putin en África se apoya en varios pilares:

La consolidación del Africa Corps permite a Putin maniobrar con mayor soltura en foros internacionales, reducir el riesgo de sanciones y responder con rapidez a las cambiantes alianzas en África occidental y central. Al mismo tiempo, se asegura el acceso a recursos naturales y contratos millonarios que financian la maquinaria de influencia rusa en el continente.

El futuro de la presencia rusa en África

El horizonte inmediato para Rusia en África se presenta con oportunidades y desafíos. La institucionalización de su presencia militar a través del Africa Corps podría aportar mayor estabilidad y previsibilidad, pero también enfrenta resistencias locales, dudas sobre la eficacia de los nuevos mandos y el coste creciente para países socios como la República Centroafricana.

Algunos gobiernos africanos ven con escepticismo el cambio, preocupados por la continuidad de la seguridad y la presión económica que supone el nuevo modelo. La población civil, por su parte, sigue demandando justicia y responsabilidad ante los abusos cometidos por Wagner, temiendo que la sustitución sea solo un cambio superficial.

El tablero africano, en plena reconfiguración tras la retirada occidental, se ha convertido en terreno de juego clave para Moscú. La capacidad del Africa Corps para mantener el control, evitar los excesos del pasado y ofrecer seguridad real determinará si esta apuesta estratégica de Putin consolida la posición rusa o si, por el contrario, abre una nueva era de inestabilidad y contestación en la región.

En el pulso por el futuro de África, el Kremlin juega sus cartas con audacia. El desenlace, aún incierto, se escribirá entre Bamako, Bangui y Moscú, a golpe de alianzas, contratos y poder militar.

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