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La situación en Gaza después del alto el fuego se aleja de la tranquilidad que prometían las negociaciones.
Mientras la comunidad internacional discute quién debe liderar la Franja y cómo lograr el desarme de los grupos terroristas, la realidad es que la sociedad está profundamente dividida.
Los fanáticos de Hamás intentan consolidar su dominio, mientras clanes rivales pelean por cada calle.
La incógnita sobre el futuro de Gaza se ha convertido en un complicado laberinto político y militar, donde cada actor defiende sus propios intereses y el temor a una guerra civil aumenta día a día.
Con la retirada israelí de varias áreas, Hamás ha movilizado miles de terroristas -a menudo disfrazados de ‘policías’- en un intento por restaurar su dominio.
Sin embargo, lejos de calmar las aguas, la organización islamista ha iniciado una dura represión contra aquellos que supuestamente colaboran con Israel y contra los clanes que han fortalecido su posición durante el conflicto.
Las ejecuciones públicas y los asesinatos sin juicio han sembrado el pánico entre los civiles, que ahora temen más los tiroteos entre palestinos que los bombardeos israelíes.
La autoridad de Hamás está bajo un serio cuestionamiento.
Los combates con clanes rivales, como el influyente Doghmush —también conocido como Ejército del Islam— han dejado un saldo trágico en barrios clave de Gaza, con decenas de muertos. Estos clanes, que poseen sus propias estructuras armadas y una larga historia de rivalidad con Hamás, buscan aprovechar la debilidad del grupo para arrebatarle territorio y poder.
¿Quién gobernará Gaza bajo el plan de Trump?
El plan de Trump establece que Gaza debe ser administrada temporalmente por un «comité palestino tecnocrático y apolítico, responsable de la gestión diaria de los servicios públicos y los municipios»; en otras palabras, una organización no partidista que dirija los servicios del territorio.
Estaría compuesto por palestinos cualificados y expertos internacionales, bajo la supervisión de un nuevo organismo internacional de transición, denominado «Junta de Paz» en el documento oficial del plan.
A la espera de conocer quiénes serán sus miembros, se da por seguro que el ex primer ministro británico Tony Blair sea el gobernador de facto.
El plan también prevé que Estados Unidos establezca una fuerza internacional temporal de estabilización, en cooperación con socios árabes e internacionales.
Esta se desplegaría inmediatamente en Gaza para entrenar y apoyar a una fuerza policial palestina. Esta fuerza mantendría una estrecha coordinación con Jordania y Egipto y estaría destinada a servir como la solución de seguridad interna a largo plazo.
El Reino Unido y Francia están trabajando ahora en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para crear esta fuerza.
Los clanes: aliados incómodos y rivales letales
El clan Doghmush se presenta como uno de los mayores retos para Hamás. Con alrededor de 3.000 miembros y una red que abarca desde la gestión de ayuda humanitaria hasta colaboraciones puntuales con Israel, este grupo tiene capacidad para enfrentarse a las milicias islamistas en igualdad de condiciones. La reciente muerte de líderes del clan a manos de francotiradores israelíes y los enfrentamientos armados en zonas como Sabra evidencian la magnitud del conflicto interno.
Además del Doghmush, otras facciones armadas han cobrado fuerza. El grupo liderado por Yasser Abu Shabab, conocido por su hostilidad hacia Hamás y sus conexiones con la inteligencia israelí, controla parte del sur de la Franja y ha recibido armamento y recursos desde Israel, según diversas fuentes confirmadas. Estas milicias no buscan una solución política; al contrario, aprovechan el caos para afianzar su poder local, muchas veces mediante el saqueo de ayuda humanitaria y ajustes entre familias rivales.
- Los recientes enfrentamientos han dejado al menos 32 muertos solo en Ciudad de Gaza, siendo mayormente víctimas del choque entre Hamás y el clan Doghmush.
- El Ministerio del Interior bajo control de Hamás ha movilizado cerca de 7.000 efectivos para evitar un vacío de poder.
- La colaboración entre clanes y actores externos, incluido Israel, es un secreto conocido por muchos en la Franja.
¿Quién desarmará a Hamás?
La comunidad internacional, especialmente Estados Unidos, ha puesto énfasis en desarmar a Hamás como una cuestión prioritaria. El propio Donald Trump ha advertido que si el grupo no entrega sus armas, Washington podría verse obligado a actuar militarmente para imponer dicha condición. Sin embargo, sobre el terreno, las posibilidades reales de un desarme parecen remotas.
- Israel exige la disolución total de Hamás como condición sine qua non para cualquier acuerdo duradero.
- Estados Unidos impulsa la creación de una autoridad neutral que gestione la transición política; no obstante carece de interlocutores sólidos sobre el terreno.
- Por su parte, Hamás se resiste a entregar las armas bajo el argumento de que necesita mantener su control para evitar el caos.
Mientras tanto, la Casa Blanca intensifica esfuerzos para mantener vivo el acuerdo alcanzado en Egipto. Según fuentes diplomáticas citadas por medios estadounidenses, Netanyahu contempla reanudar las acciones militares si Hamás no cede en su control ni se desarma. La visita a Israel por figuras como Vance, Kushner y Witkoff responde a la necesidad urgente de estabilizar la tregua y prevenir un colapso total del proceso.
Un horizonte incierto
El futuro inmediato de Gaza es más incierto que nunca. Si Hamás logra mantener su dominio, es probable que las esperanzas puestas en el alto el fuego se vean frustradas antes incluso de comenzar. Pero si los clanes armados y las milicias rivales logran imponerse, podría abrirse paso un conflicto interno prolongado.
- Analistas tanto locales como internacionales advierten sobre el riesgo real de una guerra civil palestina.
- La población civil es quien más sufre: atrapada entre el temor al castigo por parte de Hamás y la violencia desatada por clanes rivales.
- La reconstrucción y volver a una vida normal parecen objetivos remotos en este escenario caótico.
A nivel diplomático, los intentos por establecer una autoridad transitoria —quizá con participación internacional o con actores vinculados a la Autoridad Nacional Palestina— avanzan muy lentamente. La falta consenso sobre cómo debería ser esa gobernanza o qué hacer con las armas mantiene a Gaza en un estado crítico.
Así que seguimos preguntándonos quién gobernará Gaza y quién se encargará del desarme efectivo de los terroristas que integran Hamás. Por ahora no hay respuestas claras. Lo único seguro es que este vacío solo alimenta aún más violencia; encontrar una solución requerirá mucho más que negociaciones cerradas entre cuatro paredes. Para los gazatíes, esta guerra dentro del conflicto aún no ha terminado; simplemente ha cambiado su rostro.
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