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Desde hace más de medio siglo, Marruecos ha demostrado una tenacidad y una habilidad estratégica notables en su enfrentamiento territorial con España.
Con una visión clara y una paciencia de largo aliento, Rabat ha convertido la disputa en un eje central de su política exterior, sin desfallecer a pesar de los cambios de gobiernos en Madrid o en el contexto internacional.
Esta actitud no es improvisada: forma parte de una doctrina de Estado que combina diplomacia, presión migratoria, maniobras económicas y amenazas veladas o explícitas.
Marruecos y España están inmersos en una contienda continua.
Y Mohamed VI se lleva el triunfo una vez tras otra.
Rabat apela a su nacionalismo ferviente y utiliza sus cartas estratégicas.
Mientras tanto, Pedro Sánchez parece ir cediendo espacio.
Hace cuatro años, España modificó su postura sobre el Sáhara Occidental, optando por apoyar el plan de autonomía propuesto por Marruecos.
Desde entonces, Rabat ha consolidado importantes avances.
En las claves de esta batalla diplomática, se observa cómo Marruecos presiona con la migración y evoca la marca verde de 1975, aquella invasión que supuso una humillación para España en Ceuta y Melilla.
Las cartas de Marruecos son contundentes:
- Apoyo de Trump: Con su regreso a la Casa Blanca, Washington ve a Rabat como un aliado fiable. Contiene a Irán, respalda a Israel y ofrece inversiones en sectores como energía y defensa. En contraste, España critica los ataques y aboga por la desescalada, quedando así aislada.
- Emigración ilegal como herramienta: Marruecos puede abrir la compuerta de las pateras cuando lo desee. Miles logran cruzar el Estrecho. La situación con los MENAS, menores no acompañados que colapsan los servicios sociales en España, añade más complejidad al asunto.
- Nacionalismo ferviente: Aunque Mohamed VI reside en París, actúa como un patriota comprometido. Su población lo ve defender el Sáhara, mientras que en España líderes como Sánchez, casado con Begoña Gómez, parecen más centrados en sus propios intereses, según críticos.
A pesar de que la balanza comercial se inclina hacia España, la influencia de Marruecos sigue creciendo.
En 2024, las exportaciones alcanzaron los 12.859 millones de euros, principalmente en vehículos y petróleo refinado.
Se presenta un superávit de miles de millones. Sin embargo, Rabat importa lo esencial mientras exporta presión migratoria.
Casi un millón de marroquíes residen en España; se estima que alcanzarán cerca de 970.000 en 2025. En 2024, 42.910 personas obtuvieron la nacionalidad española, siendo este el grupo más numeroso.
Muchos conservan doble nacionalidad y tienen acceso a ayudas sociales, además de votar mayoritariamente por la izquierda.
Durante el mandato de Sánchez, se nacionalizaron alrededor de 280.000 marroquíes, un factor que sin duda influye en los comicios.
Negocios turbios del pasado
Exlíderes socialistas han sido vinculados con Marruecos. Figuras como Felipe González, Zapatero, Bono y Moratinos han sido acusados de ejercer lobismo a favor del país vecino.
Aunque Zapatero ha negado tales acusaciones, resurgen sombras: consultorías cuestionables y conexiones con regímenes poco claros. Tanto Bono como Moratinos presionaron para llevar a cabo el giro sahariano.
El recuerdo de la marca verde sigue siendo doloroso para muchos. En 1975, miles de marroquíes marcharon hacia enclaves españoles, llevando a una cesión por parte del país ibérico.
Hoy día, Rabat emplea tácticas similares: prolonga negociaciones con el Polisario, ganando tiempo ante la ONU.
Posibles desarrollos futuros
El apoyo incondicional de Trump hacia Marruecos podría acentuar aún más las alianzas del país vecino mientras que España podría perder terreno rápidamente.
Esto alentaría a Rabat a actuar con mayor audacia; entre los posibles escenarios se encuentran un aumento en la migración o nuevos episodios tensos en Ceuta. Mientras España acumula tuits sin rumbo claro, Marruecos, por su parte, refuerza su influencia en Washington.
Los datos son claros:
| Año | Exportaciones España-Marruecos (M€) | Nacionalizados marroquíes |
|—-|————————————|—————————|
| 2024 | 12.859 | 42.910 |
| 2025 | Cerca de 600 en coches (↑30%) | Rozan 1 millón total |
La estrategia de Mohamed VI es jugar a largo plazo mientras que España reacciona con lentitud ante esta dinámica cambiante.
La contienda continúa; sin embargo, es evidente que es Rabat quien marca el compás.
La persistencia moruna
El ejemplo más icónico de la hábil estrategia moruna fue la Marcha Verde de 1975.
Ante la inminente retirada española del Sáhara Occidental, el rey Hasán II organizó una movilización masiva de cientos de miles de marroquíes que cruzaron la frontera pacíficamente pero con determinación abrumadora. Aquella operación, magistralmente calculada, permitió a Marruecos hacerse con el control efectivo del territorio sin necesidad de una guerra convencional. La Marcha Verde se convirtió desde entonces en un símbolo nacional y en una herramienta de referencia: un modelo de presión de masas que combina imagen humanitaria con contundencia política.
Desde entonces, Rabat no ha dejado de recordar que puede reeditar esa fórmula cuando lo considere oportuno. Cada cierto tiempo, ya sea mediante declaraciones oficiales, maniobras en la frontera o filtraciones controladas, Marruecos deja entrever la posibilidad de una nueva “marcha verde” adaptada a los tiempos actuales: ya sea con caravanas de migrantes, con activistas o con presión económica.
La crisis de Ceuta y Melilla de 2021 fue, en este sentido, una clara demostración de la patita. Miles de jóvenes marroquíes fueron dejados pasar deliberadamente hacia las ciudades autónomas españolas, generando una crisis humanitaria y política en cuestión de horas. Aquel episodio no fue un accidente migratorio: fue un mensaje nítido. Marruecos mostró que, cuando considera que España no actúa conforme a sus intereses (especialmente en la cuestión saharaui), tiene capacidad y voluntad para desestabilizar las plazas españolas de soberanía utilizando la presión demográfica como arma.
Esta combinación de persistente memoria histórica, flexibilidad táctica y firmeza estratégica convierte a Marruecos en un interlocutor especialmente hábil. No busca confrontación abierta, pero tampoco renuncia a sus objetivos. Avanza cuando percibe debilidad y retrocede con elegancia cuando la correlación de fuerzas le es desfavorable, siempre manteniendo viva la tensión. En el tablero del Estrecho, Rabat juega una partida de largo recorrido donde la paciencia y la capacidad de sorprender siguen siendo sus mejores bazas.
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