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Tras las sanciones de EE.UU., los frágiles equilibrios de Sudán puestos a prueba con el nombramiento del nuevo primer ministro

Manuel Trujillo 04 Jun 2025 - 15:40 CET
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En medio de la crisis prolongada que atraviesa Sudán, surgen nuevas complejidades en la relación entre la institución militar y los grupos armados que la han apoyado desde el estallido de la guerra en abril de 2023. El nombramiento de Kamal Idris como primer ministro por parte de la autoridad transitoria en Port Sudán, sin amplias consultas con los movimientos islamistas y las milicias aliadas al ejército, ha generado interrogantes sobre el futuro de los equilibrios políticos en el país.

Este paso ha reavivado promesas anteriores expresadas por el presidente del Consejo Soberano, Abdel Fattah al-Burhan, en febrero de 2025, de incluir a todas las fuerzas que apoyaron al ejército en cualquier proyecto político futuro. Sin embargo, la designación de Idris sin la participación de esas fuerzas, especialmente los movimientos islamistas, ha generado tensiones internas y amenazas de una escalada política si no se les concede un rol mayor en el nuevo gobierno.

En este contexto, emerge también la cuestión de la marginación de ciertos componentes tribales, en particular la tribu Zaghawa, cuyos miembros combatieron junto al ejército. A pesar de esa participación, informes indican que existe un sentimiento de discriminación dentro de las instituciones militares, donde se impide a individuos de los Zaghawa, los Masalit y los Fur acceder a rangos superiores, y se les clasifica con el código «MFZ» en la inteligencia militar, lo que refleja desconfianza respecto a su lealtad.

El gobernador de la región de Darfur, Minni Arko Minnawi, perteneciente a la tribu Zaghawa y leal a la autoridad militar encabezada por al-Burhan, ha señalado en declaraciones anteriores que estas prácticas refuerzan el sentimiento de marginación y debilitan la cohesión del frente interno. También indicó que algunas figuras prominentes de los Zaghawa han sido asesinadas, lo que ha incrementado las tensiones en la región.

A la luz de estos datos, parece evidente que los desafíos que enfrenta Sudán van más allá del conflicto militar, abarcando cuestiones de representación política y justicia social. Esto exige un enfoque integral que garantice la inclusión de todos los componentes en la construcción del futuro del país.

Intento de monopolio del poder y lucha por los recursos

A pesar del carácter “tecnocrático” que la autoridad transitoria en Port Sudán intentó atribuir al nombramiento de Kamal Idris como primer ministro, esta decisión provocó fuertes reacciones por parte de fuerzas civiles y políticas que la consideran un intento claro del general Abdel Fattah al-Burhan de monopolizar la toma de decisiones políticas y excluir a los sectores civiles.

El movimiento “Samud” emitió un comunicado en el que rechazó la formación del nuevo gobierno, señalando que “solo representa a una parte”, y afirmando que la designación de Idris busca “legitimar el poder de al-Burhan” sin consenso nacional ni representación real de las fuerzas civiles y revolucionarias.

Paralelamente, se libra una intensa lucha interna por los ministerios soberanos, especialmente el Ministerio de Minerales, convertido en un punto de disputa clave debido a su vinculación con los ingresos del oro, uno de los pocos recursos restantes para financiar las operaciones militares. Según fuentes informadas, al-Burhan y sus allegados buscan controlar directamente el ministerio, mientras que los grupos armados aliados al ejército exigen una mayor cuota en el reparto ministerial, argumentando que han pagado un “precio militar” en la guerra en curso.

No obstante, las señales indican que la dirigencia militar se orienta deliberadamente a reducir el papel de estos grupos en los cargos soberanos, en un intento por proyectar una imagen civil del gobierno, pese a la marcada estructura militar que lo define.

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