Sudán: Cómo la terquedad política y las alianzas islamistas impulsan una hambruna masiva

Abdel Fattah al-Burhan
Abdel Fattah al-Burhan

A pesar de la destrucción generalizada causada por la guerra civil en Sudán desde su estallido en abril de 2023, la cúpula militar del país, encabezada por el general Abdel Fattah al-Burhan, no muestra disposición a entablar negociaciones de paz. Incluso en medio del grave deterioro humanitario y económico, el ejército sudanés sigue apostando por una solución militar, impulsado por una frágil alianza política con los restos del antiguo régimen —en particular, la Hermandad Musulmana—, al tiempo que rechaza rotundamente el diálogo con las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), de tendencia laica.

Una catástrofe humanitaria a escala nacional

Según Stéphane Dujarric, portavoz del Secretario General de la ONU, 24,6 millones de sudaneses —más de la mitad de la población— se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria, mientras que 638.000 personas ya sufren una hambruna, según la última Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria, publicada a finales de 2024.

Dujarric añadió en una sesión informativa de la ONU: «La comunidad internacional debe intensificar su apoyo para evitar más pérdidas de vidas. La situación empeorará durante la temporada de escasez, de junio a septiembre, si no se garantiza el acceso humanitario seguro».

La OCHA (Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios) también advirtió que los precios de los alimentos básicos, especialmente el sorgo y el mijo, la dieta principal de millones de personas, se han cuadruplicado, mientras que la financiación humanitaria se mantiene por debajo del mínimo requerido.

Cerrando las puertas a la negociación: Una postura firme

A pesar del deterioro de la situación humanitaria, el liderazgo militar sudanés continúa adoptando una postura inflexible contra el diálogo político. Tras recuperar el palacio presidencial, al-Burhan declaró: «No habrá negociaciones con las Fuerzas de Apoyo Rápido; solo el fusil decide».

Según el Departamento de Estado de EE.UU., al-Burhan obstruyó repetidamente los esfuerzos de mediación internacional, negándose a asistir a las conversaciones de alto el fuego en Suiza en agosto de 2024 y rechazando la invitación de la IGAD a una cumbre en Uganda a principios de este año. Mientras tanto, el líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido, Mohamed Hamdan Dagalo (Hemedti), aceptó la invitación.

La alianza entre los militares y la Hermandad: un obstáculo para la transición

Los observadores creen que la obstinación de al-Burhan se debe no solo a una mentalidad militar, sino también a una alianza ideológica con facciones políticas del islam, en particular la Hermandad Musulmana, que mantiene una influencia significativa en las instituciones militares y de seguridad. Un informe de Sudan Peace Tracker afirmó que la Hermandad “incitó al golpe de Estado contra el gobierno civil el 25 de octubre de 2021, movilizó a líderes tribales para bloquear puertos y apoyó la guerra actual para recuperar el control del estado sin importarle el destino del pueblo”. El informe añadió que la guerra actual es “un intento de restaurar el poder absoluto a una organización islamista sedienta de sangre, utilizando las herramientas militares del estado para aplastar cualquier proyecto civil”.

Ayuda bloqueada: El hambre como arma

Con las vías políticas cerradas, el ejército sudanés recurrió a restringir la ayuda humanitaria. En julio de 2024, The New York Times informó que las fuerzas gubernamentales bloquearon envíos masivos de alimentos en el paso fronterizo de “Adré” con Chad, a pesar de ser la principal vía de acceso para la entrega de ayuda a la región de Darfur.

El informe declaró: “Este bloqueo afecta directamente la vida de 2,5 millones de sudaneses en una zona del tamaño de España que ya fue testigo de genocidios a principios de la década de 2000”. Las agencias internacionales de ayuda advirtieron que ocho regiones de Darfur corren un riesgo inminente de hambruna a menos que se levante la prohibición militar.

Colapso económico… y el pueblo paga las consecuencias

La guerra no solo ha destruido infraestructuras e instituciones, sino que ha arrastrado la economía sudanesa hacia un retroceso de décadas. Los centros de investigación económica estiman que el 75% del sector industrial, el 65% de la agricultura y el 70% del sector servicios están paralizados.

El economista sudanés Adel Khalafallah declaró en declaraciones a la prensa: «Más del 80% de los trabajadores han perdido sus empleos, el desempleo ha alcanzado el 75%, más del 90% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza extrema, la inflación ha superado el 145% y la libra sudanesa ha perdido el 350% de su poder adquisitivo».

Según un análisis de African Economic Review, la guerra en curso provocará la interrupción de las cadenas de suministro, la fuga de cerebros y el colapso total de los sectores productivos. Una guerra sin horizonte…

Una tragedia sin testigos

Mientras Sudán se encuentra al borde de una hambruna histórica y un colapso económico total, sus líderes militares insisten en una guerra imposible de ganar que consume personas y recursos por igual, cerrando el futuro a millones de personas.

Esta guerra ya no se trata de seguridad ni de influencia; se ha convertido en una postura existencial para una alianza político-militar-religiosa aterrorizada por una transición democrática que la obligue a rendir cuentas. Con todos los caminos bloqueados, la tragedia de Sudán sigue siendo un testimonio lamentable del fracaso del mundo para proteger a la gente de los estragos del poder, el derramamiento de sangre y el hambre.

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Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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