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Es un sistema hereditario.
Con la particularidad de que también es un régimen comunista y de que el poder ha pasado ya de abuelo a hijo, de este a nieto.
Y que todo apunta a que este último tiene el plan de pasarle el poder a su hermana.
En los últimos meses, la presencia de Kim Ju-ae, hija del líder norcoreano Kim Jong-un, se ha vuelto cada vez más visible en actos oficiales y eventos internacionales.
Su aparición junto a su padre en Pekín durante el desfile militar por el 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico ha reavivado los rumores sobre su posible papel como sucesora en la dictadura comunista hereditaria que gobierna Corea del Norte.
El hermetismo del régimen mantiene oculta información clave sobre su edad, que rondaría los 12 años, y sobre detalles de su biografía, pero el aumento de su exposición pública marca un cambio significativo en la estrategia del liderazgo norcoreano.
La joven participó activamente en la recepción oficial ofrecida por el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, una escena captada por los medios estatales que ha sido interpretada por analistas y servicios de inteligencia surcoreanos como una maniobra para consolidar su imagen ante la élite política y militar del país.
Desde noviembre de 2022, cuando apareció por primera vez junto a su padre frente a un misil balístico intercontinental, Kim Ju-ae ha pasado a ocupar un lugar destacado en los medios norcoreanos y en los principales actos del régimen.
El papel de Kim Ju-ae: ¿una heredera en formación?
Diversos indicios sugieren que Kim Ju-ae está siendo preparada para asumir responsabilidades políticas. Su participación en desfiles militares, visitas a instalaciones estratégicas y reuniones internacionales apuntan a una estrategia cuidadosamente orquestada para familiarizarla con las estructuras de poder y fortalecer su legitimidad ante las élites militares y partidarias.
- Se cree que es la segunda hija de Kim Jong-un, nacida alrededor de 2013.
- Su madre, Ri Sol-ju, también acompaña habitualmente al líder norcoreano en actos públicos.
- Analistas surcoreanos han detectado un patrón creciente de apariciones públicas desde finales de 2022.
- En medios estatales se le atribuyen títulos honoríficos y gestos afectuosos por parte de su padre.
La inteligencia surcoreana considera que Kim Jong-un tiene al menos tres hijos, aunque solo Kim Ju-ae ha sido presentada ante el público. El exjugador estadounidense Dennis Rodman confirmó en 2013 haber conocido a “Ju-ae” durante una visita privada a Pyongyang.
Factores que impulsan la sucesión
La salud precaria de Kim Jong-un es otro elemento que acelera los preparativos sucesorios. El líder norcoreano, según informes recientes, presenta problemas cardiovasculares heredados de sus antecesores y hábitos poco saludables como consumo excesivo de tabaco y cenas copiosas. Todo ello refuerza la necesidad de consolidar una alternativa dinástica antes de cualquier crisis interna.
El régimen busca estabilidad frente a presiones externas —sanciones internacionales, aislamiento diplomático— y potenciales desafíos internos derivados del desgaste económico. Por eso resulta clave presentar una figura joven capaz de aglutinar lealtades sin poner en riesgo el control absoluto sobre el país.
Una dinastía única
La historia política de Corea del Norte está marcada por una sucesión dinástica sin precedentes entre dictaduras comunistas. Desde la fundación del país en 1948 por Kim Il-sung, seguido por su hijo Kim Jong-il y posteriormente por Kim Jong-un, el poder ha permanecido férreamente ligado a la familia Kim. Este modelo dinástico, único entre las dictaduras comunistas modernas, ha reforzado tanto el control político como el culto a la personalidad, cimentando una estructura vertical y cerrada que dificulta cualquier alternativa real al liderazgo familiar.
El régimen se apoya en una cultura política de obediencia absoluta y secretismo extremo. La figura del líder es presentada como infalible y casi divina, lo que dificulta cualquier fisura interna o debate público sobre la sucesión. La potencial llegada de Kim Ju-ae supondría no solo mantener la línea hereditaria, sino también romper con siglos de tradición patriarcal, ya que sería la primera mujer al frente del Estado norcoreano.
Corea del Norte representa el único ejemplo contemporáneo de dictadura comunista hereditaria. El modelo político vigente descarta cualquier apertura democrática o alternancia real; el Partido del Trabajo se mantiene como única fuerza legal y controla todos los ámbitos sociales —desde los medios hasta las fuerzas armadas— bajo estricta vigilancia ideológica.
El posible ascenso de Kim Ju-ae refuerza este esquema:
- La línea sucesoria se perpetúa dentro del clan familiar.
- El culto al líder se adapta para incorporar una figura femenina.
- La propaganda estatal promueve su imagen sin revelar detalles personales ni permitir voces críticas.
A día de hoy, 3 de septiembre del 2025, no existe evidencia pública ni internacional que indique movimientos hacia una transición política más abierta o participativa.
Perspectivas futuras: ¿cambio o continuidad?
Expertos consideran poco probable una transformación profunda en el corto plazo. La estructura monolítica del régimen dificulta cualquier proceso democrático o liberalizador. Sin embargo, la eventual llegada al poder de una mujer —en una sociedad profundamente patriarcal— podría introducir matices nuevos en la gestión interna y externa del país.
En cuanto a relaciones internacionales, Corea del Norte sigue apostando por reforzar sus vínculos con China y Rusia mientras mantiene una postura hostil hacia Estados Unidos y sus aliados regionales. El viaje reciente a Pekín ilustra este enfoque estratégico: consolidar alianzas con potencias afines para contrarrestar sanciones y aislamientos diplomáticos.
Las próximas décadas podrían ver cómo Kim Ju-ae consolida su papel como líder suprema si se mantiene el actual modelo dinástico. La incertidumbre sobre su preparación real y sus capacidades políticas añade interrogantes sobre cómo evolucionará el régimen comunista más hermético del planeta.
El fenómeno Kim Ju-ae simboliza tanto la continuidad como el posible cambio dentro de un sistema político diseñado para perpetuarse sin fisuras. Solo el tiempo revelará si esta joven será capaz de mantener intacto el legado familiar o si las exigencias internas y externas forzarán algún tipo de evolución inesperada.
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