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Locuras de la Administración

En Suecia quieren ahora que los hombres orinen sentados y no de pie

El Partido de la Izquierda asegura que esta práctica prolonga la vida sexual y mejora la salud de la próstata

08 Jul 2012 - 09:32 CET
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Si usted, amigo lector, es varón, le conviene borrar Suecia de los países a los que viajar, porque .los funcionarios, y las funcionarias, le pueden someter a todo tipo de humillaciones, la última, obligarle a orinar sentado. Por su bien, claro.

Las sociedades occidentales han enloquecido. En los institutos no hay máquinas de venta de Coca-Cola ni de bollería, pero sí de preservativos.

Se permiten los botellones en la calle, pero se obliga al reciclado de los cascos. Se sustituyen las clases de matemáticas y de la lengua nacional por talleres de sexualidad.

La afiliación a una ONG ha reemplazado al certificado de buena conducta. Está prohibido fumar tabaco, pero no hachís ni marihuana.

¿Un policía por urinario?

En Suecia, considerado por casi todos los progresistas y por muchos cristianos sociales un modelo de solidaridad y bienestar, las cosas están yendo todavía más allá.

En la provincia de Sörmland, limítrofe con la de Estocolmo, un miembro del consejo local presentó en junio una propuesta para que se obligue a los hombres a orinar sentados.

El nombre del individuo, Viggo Hansen, no les dirá nada, pero sí el de su partido: Partido de la Izquierda. El Consejo General tiene un año para pronunciarse sobre la propuesta.

Según Hansen, orinar sentados, como las mujeres, reduce los problemas de próstata (claro, las mujeres carecen de esta) y alarga la vida sexual.

Algunos de los contrarios a semejante norma han aducido que sería muy difícil vigilar su cumplimiento. ¿Se pondría un funcionario o controlador o policía en cada urinario público?, ¿o bastaría con cámaras?

Parece ser que en las guarderías suecas, los maestros y las maestras ya obligan a los niños a orinar sentados. ¿Reeducación feminista o ganas de no limpiar la suciedad?

Detenido por ‘musculitos’

En una guardería sueca, de nombre Egalia y, por supuesto, financiada por el Estado, los profesores-pedagogos se han empeñado en eliminar el lenguaje sexista.

Las pocas decenas de niños que todavía están apuntados en ella no usan los pronombres «él» o «ella«, sino que se refieren a sus compañeros por su nombre de pila o por la palabra «amigo«, que en la lengua sueca no tiene género.

La anulación de la diversidad sexual alcanza a los juguetes y a los cuentos.

Cuando se juega a las familias, los pedagogos introducen dos papás o dos mamás o dos papás y una mamá; todas las combinaciones posibles para no introducir estereotipos en los mentes de los niños.

Como es lógico, esta guardería es una de las favoritas de las parejas homosexuales.

¿Ha escuchado el estruendo montado por los progres contra la ley de inmigración del estado de Arizona que permite a la Policía pedir a personas de rasgos extranjeros su identificación, cosa que sucede en España desde siempre? Seguro que sí.

¿Y que se dé por sentado que un señor musculoso consume anabolizantes y esteroides? Pues en Estocolmo en 2007 una policía femenina detuvo al grandullón Tomislav Boduljak, un hombre de metro noventa centímetros de estatura y gran musculatura, porque, según la uniformada, esos músculos eran consecuencia del consumo de drogas ilegales.

Boduljak tuvo que ir a la comisaría y hacerse pruebas antidrogas para demostrar que su aspecto se debía solo a su esfuerzo en un gimnasio.

La Policía, aunque reconoció que la agente se condujo con exceso de celo, no la sancionó.

Macho en transporte público

Y para terminar, en febrero, una feminista desencadenó una campaña contra la discriminación que sufren las mujeres en los trasportes públicos por culpa de los hombres, claro: por obvios motivos físicos, los hombres tienden a tener las piernas más abiertas que las mujeres, lo que implica que a estas se les reduzca el espacio en los asientos compartidos. El nombre de la campaña:

«Macho en transporte público».

En esta ocasión ha habido respuestas de los hombres, algunos de los cuales han reprochado a las mujeres que ocupen más espacio en los autobuses y trenes del que les corresponde con sus bolsas de la compra.

Échese a temblar, caballero, porque absolutamente todas las aberraciones inventadas en Suecia, sea por los socialdemócratas o por sus pares del Partido Moderado, acaban extendiéndose por toda Europa, salvo por los países liberados del comunismo, donde resisten a las pretensiones de los políticos de regular las conductas personales.

EL PARAISO SUECO

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