¿Podría subsistir 45 días dentro de una cámara subterránea luego de haber destruido el mundo? ¿Y si además tuviera que convivir con otra persona?
Comida enlatada; unos pocos refrigerios, la imposibilidad de ducharse, un televisor para ver ningún programa y un arma que podría resultar fatal en una relación forzada y sin posibilidad de ser juzgado.
¿Tentador? En absoluto.
Eso era lo que diseñaron los militares del régimen soviético durante sus años de Guerra Fría en los cuales un conflicto nuclear con los Estados Unidos era una de las mayores y más tenebrosas hipótesis que al mundo civilizado.
Drew Scanlon, productor y responsable de Cloth Map, se internó en una base atómica abandonada en Ucrania y convertida en un museo y sintió -en parte, desde luego- lo que un operador soviético hubiera experimentado al accionar el famoso «botón» nuclear que destruiría el mundo, luego de recibir los códigos secretos desde Moscú.
La base nuclear fue decomisada en 2000. Un año después fue convertida en museo (Cloth Map)
Los operarios militares debían ingresar un código secreto para adentrarse en la cabina de lanzamiento (Cloth Map)
En la cabina de superviviencia los dos operarios tenían alimentos y medicamentos para subsistir 45 días (Cloth Map)
El baño tenía lo indispensable para la higiene, aunque no podían bañarse durante 45 días que durara el cautiverio (Cloth Map)
La butaca de lanzamiento. En esos monitores se recibirían los códigos secretos desde Moscú para activar los misiles (Cloth Map)
El cuartel de lanzamiento misilístico visitado por Scanlon y decomisado en 2000 se ubica en la ciudad de Pervomaisk, provincia de Kirovohrad y fue una de las bases más importantes durante el desarrollo de armas atómicas de los últimos 60 años. Acompañado por un hombre identificado como Dimitri quien le explica cada detalle de la base, el protagonista del documental recorre los búnkeres ocultos y secretos del lugar, conocido ahora como Museo de Fuerzas de Misiles Estratégicos.
Durante la visita guiada, Dimitri le enseña a Scanlon lo que es la sala principal del complejo misilístico. «La habitación para destruir el mundo«, le aclara, mitad en serio, mitad en forma irónica. «Toma asiento«. En ese momento inicia la explicación de cómo se realizaría el lanzamiento de los temibles SS-24 «Scalpel» que podrían llegar al corazón de los Estados Unidos. Con un rango de 12.000 kilómetros se convirtió en la década de 1980 en una de las principales amenazas expuestas por la Unión Soviética durante su era de terror. A los pocos años, la dictadura colapsaría.
Scanlon presionó el «botón gris». «Ahora, puedes empezar a contar veintidós minutos y habrás destruido Washington DC«, le confirma Dimitri. Otro empleado del silo, sin identificar en el documental, agrega: «Goodbye, América«. El protagonista, sólo puede lamentarse: «Lo siento«, bromea.
El tour continúa con la muestra de los tanques, cañones, el resto de los silos, las grúas y camiones gigantes que transportaban los misiles. También búnkeres subterráneos ocultos dispuestos para resistir un ataque nuclear. Un viaje a una base abandonada pero en perfectas condiciones que permite dimensionar de qué se trató la Guerra Fría.
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