Todo muy francés (Los secretos de cama con los que Válerie Trierweiler negocia con François Hollande).
No llegará la sangre al río, pero hay risis amorosa grave en la cúspide del Estado.
Christophe Castaner (53 años), ministro del Interior, celebró la eficacia de sus policías, gendarmes y CRS (Compañías Republicanas de Seguridad, antidisturbios) en su habitual batalla con los ‘chalecos amarillos’, el pasado 9 de marzo de 2019, bebiendo vodka y bailando hasta la madrugada con una señorita veinte años más joven en «Noto», un famoso restaurante y discoteca frecuentada por solteros acomodados.
A diferencia de este 16 de marzo, que se triplicaron los manifestantes y la protesta se volvió a desbordar, el sábado9 fue un día «glorioso», a juicio de los portavoces del ministerio del Interior: la movilización amarilla fue muy baja, y los antidisturbios se comportaron con una «eficacia implacable».
Como cuenta Juan Pedro Quiñonero en ‘ABC’, contento, feliz, tras la «misión cumplida», el ministro del Interior decidió celebrar la eficacia de sus subordinados en una discoteca muy a la moda. Tras un apresurado refrigerio, Castaner se pasó al vodka con poco hielo, su bebida preferida.
Y, tras dos copazos de vodka, los ojos del ministro se cruzaron con los ojos de una joven desconocida, Clara, veinte años más joven. Castaner confirmó su fama de «ligón empedernido».
La pareja estuvo bailando «alocadamente» hasta la madrugada.
El ministro había tenido alejado a su servicio de seguridad personal -oficiales de policía, de paisano- pero no pasó desapercibido a varios fotógrafos más o menos aficionados, que inmortalizaron la frenética danza, los abrazos y los besos del ministro con la joven desconocida.
Las fotos han tardado pocos días en publicarse en las portadas de la prensa rosa pasión, «Closer» y «Voici», que sacan una primera conclusión íntima: «Vuela por los aires el matrimonio del Interior, víctima de la celebración del triunfo policial contra los chalecos amarillos».
Castaner forma parte de la guardia pretoriana personal de Emmanuel Macron.
Más allá del desliz de un hombre casado, que vive una aparente aventura extra conyugal, las «alegrías nocturnas» del ministro del Interior corre el riesgo de tener un costo político imprevisible.
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