Más información
El 23 de febrero de 2025, Alemania votó y dejó un mensaje claro: los conservadores de Friedrich Merz ganaron con un 28,6% de los votos, pero la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) se disparó hasta un histórico 20,8%.
Estos resultados, frescos de las últimas 48 horas, muestran que la AfD, aunque sigue fuera del poder por el cordón sanitario que los demás partidos le imponen, ya es una fuerza imposible de ignorar.
Mientras, el gobierno saliente de Olaf Scholz se desplomó, y el que planea Merz podría correr la misma suerte si no afronta de verdad los grandes temas que hunden al país: economía estancada, inmigración descontrolada y desconfianza ciudadana.
Pronóstico: si Merz fracasa, la AfD podría superar a la CDU en 2029, como predice Weidel.
Otros partidos ultras en Europa se envalentonarían, y la UE, ya en crisis, podría fracturarse más.
No estamos ante el fin de la Unión, pero sí ante un desafío brutal.
Alemania, y con ella Europa, se juega su futuro entre conciliar a sus ciudadanos y no ceder al populismo.
La pelota está en el tejado de Merz, pero la sombra de la extrema derecha no para de crecer.
El fracaso del gobierno de Scholz: un tripartito que no cuajó
El gobierno anterior, conocido como la «coalición semáforo» por los colores de sus partidos —rojo del SPD, verde de Los Verdes y amarillo del FDP—, se vino abajo en noviembre de 2024. Scholz, canciller desde 2021, lideró este experimento tras las elecciones que acabaron con la era de Angela Merkel. La idea era ambiciosa: unir socialdemócratas, ecologistas y liberales para modernizar Alemania. Pero el resultado fue un desastre.
La gota que colmó el vaso fue la destitución del ministro de Finanzas, Christian Lindner, por parte de Scholz. Lindner, líder del FDP, quería recortes fiscales y menos gasto público, mientras Los Verdes pedían inversión en energías renovables y el SPD defendía el bienestar social. Estas peleas internas paralizaron al gobierno. La guerra en Ucrania disparó los precios de la energía, la inflación se comió los salarios y la economía alemana entró en recesión. A esto se sumaron ataques violentos de solicitantes de asilo, como el de Solingen en 2024, que avivaron el debate migratorio. El tripartito no supo dar respuestas claras ni unidas. La gente se hartó, y el 16,4% del SPD en las urnas lo confirma: su peor resultado histórico.
Merz y su plan: ¿otro castillo de naipes?
Ahora entra Friedrich Merz, líder de la CDU/CSU, con la misión de formar gobierno. Su victoria no fue arrolladora —esperaba superar el 30%—, pero los números le dan una mayoría ajustada con el SPD. Quiere un gobierno estable para abril, pero los fantasmas del fracaso de Scholz lo persiguen. ¿Por qué? Porque los grandes temas que hunden a Alemania siguen sin solución, y Merz no parece tener el valor o la estrategia para ir al fondo.
Primero, la economía. Alemania, motor de Europa, lleva años perdiendo fuelle. Las empresas piden reformas urgentes, pero Merz insiste en la prudencia fiscal, algo que choca con la necesidad de invertir. Si se alía con el SPD, las tensiones entre gasto social y disciplina presupuestaria podrían repetir la parálisis del tripartito. Segundo, la inmigración. Merz endureció su discurso, incluso aceptando votos de la AfD en el Parlamento para medidas antiinmigración, pero luego juró no pactar con ellos. Esta ambigüedad confunde a los votantes y no resuelve el caos en las fronteras ni la integración de millones de refugiados. Tercero, la desconfianza. Muchos alemanes, sobre todo en el Este, sienten que Berlín no los escucha. Merz promete cambio, pero su perfil de millonario alejado de la política durante décadas no inspira cercanía.
Si no ataca estos problemas de raíz, su coalición podría desmoronarse como la de Scholz. La AfD, con Alice Weidel al frente, espera en la oposición, lista para capitalizar cada error.
La extrema derecha: un auge que cruza fronteras
El 20,8% de la AfD no es un caso aislado. En toda Europa, la extrema derecha crece como respuesta a un malestar compartido. En Francia, Marine Le Pen lidera encuestas pese a no gobernar. En Italia, Giorgia Meloni ya está en el poder con un discurso nacionalista. En España, Vox gana terreno en el Parlamento. Hasta en Suecia, tradicionalmente progresista, los ultraconservadores influyen en el gobierno. ¿Qué los une? Un mensaje simple: «los políticos tradicionales fallan, nosotros protegemos lo nuestro».
En Alemania, la AfD explotó la crisis migratoria —1,2 millones de ucranianos y otro millón de sirios y afganos desde 2015— y los atentados recientes para vender miedo y soluciones duras, como deportaciones masivas. Pero no es solo eso. El Este, más pobre y olvidado, ve en ellos una voz contra el «Oeste rico». Los jóvenes, hartos de incertidumbre, también los apoyan: el 21% de los votantes de 18 a 24 años eligió a la AfD. Este patrón se repite en Europa: donde la economía flojea y la identidad se siente amenazada, la extrema derecha encuentra suelo fértil.
Implicaciones para la Unión Europea: un gigante con pies de barro
¿Qué significa esto para la Unión Europea? Mucho. Alemania es su pilar económico y político. Si Merz no estabiliza el país, la UE pierde fuerza en un momento crítico. Con Donald Trump de vuelta en la Casa Blanca, Europa necesita unidad para defenderse sola, y Merz ya habla de «independencia» frente a EE.UU. Pero una Alemania débil, con una AfD fuerte en la oposición, complica todo.
- Migración: La AfD pide cerrar fronteras, algo que choca con el espacio Schengen. Si otros países siguen su ejemplo, la libre circulación se tambalea.
- Clima: Los ultras rechazan las políticas verdes. Sin Alemania liderando, los objetivos de carbono de la UE peligran.
- Seguridad: La guerra en Ucrania exige cohesión. Una Europa dividida, con extrema derecha bloqueando decisiones, es más vulnerable.
Más en Europa
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home