Estados Unidos continúa preparándose para lo peor: una guerra contra Irán. El Pentágono ha solicitado fondos para poder fabricar un proyectil sofisticado, especialmente diseñado para perforar blindajes enormes y capaz de destruir las instalaciones nucleares subterráneas del régimen de los ayatolás.
El Pentágono ha solicitado este mes una inyección de fondos de 82 millones de dólares al Congreso estadounidense para desarrollar la capacidad penetradora de la bomba -ya sea a través de tierra, cemento o acero-, como parte del nuevo programa de contingencia referido a un posible ataque contra Irán, según informaron fuentes militares al diario Wall Street Journal.
El Departamento de Defensa ha invertido ya unos 330 millones de dólares en 20 de estos artefactos.
Este no es el único preparativo bélico de Estados Unidos. El Pentágono también ultima la instalación de una gran base militar marítima en Oriente Medio, ante el auge de tensiones con Irán, los piratas somalíes y el brazo de Al Qaeda en Yemen, informa el diario Washington Post.
El portavoz del comando de Fuerzas Armadas de la Marina estadounidense Mike Kafka confirmó al diario estadounidense el plan, aunque evitó precisar su objetivo o la localización exacta que tendrá el nuevo centro de operaciones de Estados Unidos.
Otras fuentes de la Marina indicaron al periódico que el proyecto se desarrolla «con una prisa inusitada» para llevarlo a cabo «a principios de verano».
Mientras, el grupo de inspectores de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) aterriza hoy en Teherán para tratar de averiguar las intenciones del programa nuclear iraní, según el régimen con fines pacífico. El último informe publicado por la OIEA aseguraba que los ayatolás están detrás de la bomba atómica y que podrían conseguirla en un periodo corto de tiempo.
«Estamos tratando de resolver todos los temas importantes con Irán, en particular esperamos que aborde nuestras preocupaciones sobre las posibles dimensiones militares de su programa nuclear», dijo el subdirector general de la OIEA, Herman Nackaerts, que encabeza la misión. Está previsto que los inspectores permanezcan en Irán hasta el 31 de enero.
Además, estará presente por primera vez el director asistente para Asuntos Políticos del OIEA, el argentino Rafael Grossi, quien además es el jefe de gabinete y mano derecha del director general del organismo, el japonés Yukiya Amano.
Pero el régimen no parece dispuesto a dejar de lado sus proyectos y así lo aseguró ayer el el ex ministro de Asuntos Exteriores y actual consejero para Asuntos Internacionales, Ali Akbar Velayati.
«Irán no está dispuesto a dejar o abstenerse de sus actividades nucleares pacíficas», aseguró Velayati, quien defendió que su país siempre ha actuado en el marco de las normas internacionales y el Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN).
NOTA.- Leer artículo original en ‘La Gaceta’.
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