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Pasividad o mirar hacia otro lado.
Cualquiera de los dos escenarios habla muy mal de la actitud que está teniendo Occidente ante los hechos que están aconteciendo en Irán.
El régimen instalado en ese país está actuando sanguinariamente contra todos aquellos que protestan por la muerte de Masha Amini y las condenas internacionales que tendrían que producirse desde el mundo civilizado son más bien escasas cuando no directamente inexistentes.
Y es que la teocracia instalada desde 1979 resulta implacable a la hora de acallar las voces críticas y Occidente, desgraciadamente, no muestra el vigor necesario para ganarle el pulso a estos fanáticos extremistas.
El 7 de enero de 2023 nuevamente se ejecutó a otros dos presos condenados a muerte acusados de cometer el asesinato de un agente de seguridad durante las protestas que sacuden a la nación persa desde mediados de septiembre de 2022.
De hecho, ya son cuatro el número de manifestantes ahorcados.
Mohammad Mehdi Karami, de 22 años y Mohammad Hosseini, de 29años fueron ejecutados como presuntos responsables del asesinato de un miliciano islámico en noviembre de 2022 durante las protestas desatadas por la muerte de Mahsa Amini.
La justicia iraní se basó en acusaciones sin sustento para procesar a estos dos varones y endilgarles el crimen de ese miembro de las fuerzas paramilitares dependientes del ayatolá Jamenei, en la ciudad de Karaj, en las afueras de la capital, el 3 de noviembre de 2022.
Por supuesto, para conseguir la confesión que el régimen teocrático perseguía, no se dudó un instante en recurrir a torturas de toda clase hasta que ambos reconocieran haber cometido un asesinato que, en realidad, nunca cometieron.
La agencia oficial iraní Irna informó así de la ejecución de ambos jóvenes:
Los principales perpetradores del crimen que condujo al injusto martirio de Ruhollah Ajamian fueron ahorcados esta mañana.
De las pocas voces críticas que se alzaron para condenar este nuevo crimen resalta la del director ejecutivo del Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI), Hadi Ghaemi, que lamentó profundamente lo sucedido:
Desde el momento de su detención, ya habían sido condenados sin poder demostrar su inocencia dada la motivación política de sus casos. La República Islámica emplea las ejecuciones y la fuerza letal contra quienes protestan en las calles para inocular el terror en la población y aplastar así las esperanzas y llamadas al cambio de los iraníes.
Lo peor de todo es que estas dos ejecuciones, unidas a otras dos que ya se produjeron en diciembre de 2022, pueden no ser las últimas.
Hay tres condenados a muerte más por este caso, amén de otros 14 hombres sentenciados a la pena capital.
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