Ayer, antes de acostarme, hilé:
“Como dudo que ahora, dado el destemple general de cuerpo que acarreo y las persistentes cefalea y fiebre que arrastro, amables, atentos, dilectos, discretos y selectos lectores de estos renglones torcidos, y en los próximos minutos, deshora, pueda llegar a estar en condiciones o disposición de aprehender alguna inteligencia que merezca la pena leer y/o humorada que abra de par en par las puertas y las ventanas de vuestra hilaridad; pueda salir de mi caletre emoción, idea o sentimiento que consiga lib(e)rarse de las garras y las fauces del catarro y del cotarro, más vale que posponga las palabras para mañana, mejor cronotopos, espacio y tiempo concretos, adecuados, cuando se vean libres de moquita y exentas de estornudos.”
Hoy, nada más levantarme, antes incluso de ducharme y afeitarme la ignorancia hodierna, inspirado, preso de la prosa de la musa o del plectro, he urdido esta dedicatoria:
“Dedico este premio (que lo es, sí, sin hesitación, porque, para mí, aunque no lleve aparejado dinero, es un galardón de aúpa, órdago o marca mayor poder disponer de un cuaderno de bitácora en la red de redes –donde ir agregando y recogiendo mis urdiduras o “urdiblandas”-), en principio y en serio, a los rectores de Periodista Digital, que resolvieron, se dignaron y tuvieron a bien hacerle un hueco en su “blogzona” a ”Otramotro”; a mis padres (a Eusebio, mi progenitor, aunque finado, también, porque está muy presente –muchos lo sentimos todavía cercanísimo, a flor de poro-), porque sin su concurso o concurrencia y colaboración yo no estaría en estos momentos aquí; al resto de mi parentela y a mis amigos; a quienes suelen dar su plácet, su níhil óbstat o sus olés a mis chucherías literarias y a quienes acostumbran a decantarse por las exégesis o los escolios, más o menos profundos o someros, de otras aristas, facetas o vértices de la realidad hechos por los demás; y a todos los que leen el presente texto, sin excepción; pero, sobre todo, trenzado ahora con ironía a raudales, retranca a espuertas y sarcasmo a cántaros, dedico este galardón impecune a quienes, habiendo tenido mil y una ocasiones para hacerlo y coronarlo, habiendo gozado de innúmeras oportunidades para rematarlo y llevarlo a feliz colofón, nunca me animaron a escribir; ni, habiendo desfallecido o fracasado, a seguir en la brecha, juntando un día sí y otro también letra tras letra, porque, aunque parezca inverosímil, su selecto triunvirato, cicatería, displicencia y/o ninguneo, me sirvió, más que ninguna otra cosa, de estímulo creativo y/o espuela provista del acicate más exuberante o ubérrimo, mi aliciente literario pintiparado, el que mejor me cuadra, por antonomasia”.
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.es
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