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Hoy, Deo volente, a las ocho de la tarde,…

Ángel Sáez García 20 Jul 2006 - 10:18 CET
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Hoy, Deo volente, a las ocho de la tarde, tendrá lugar la presentación de la revista “El Portal” (de Fiestas de Santa Ana 2006) de la peña “La Teba” (tudelanos en buena armonía) en la sede de la susodicha. Éste es el texto con el que el menda lerenda, “Otramotro”, colabora en la misma.

MR. FREDRICK MENDE, ¿BENEFACTOR APÓCRIFO, LUMBRERA SIN ESCRÚPULOS O SINVERGÜENZA ÍNTEGRO?

Cierto día inconcreto, sin especificar, de la semana pasada me llegó a una de las más de tres direcciones de correo electrónico que poseo un “emilio” proponiéndome un chollo, un chanchullo sin falla, fallo o riesgo que correr. Como el menda lerenda, “Otramotro”, no domina el inglés, idioma en el que le llegó codificado el texto, acudió a Google, porque, por su amigo Alberto Sánchez, dueño del cibercafé “Praga”, de Tudela, quien le alquila en generosas (aún diré –urdiré- más) y aun óptimas condiciones sus ordenadores, sabía de la existencia de un traductor raudo, herramienta utilísima (para salir del brete) que ofrece de balde el buscador mentado.

La versión resultante ha sido tan mala que he necesitado buena parte de la tarde de ayer y de la mañana de hoy para embellecerla y/o hacerla digerible y literaria. Si sólo son varias las personas interesadas en el “emilio” original, me comprometo a remitírselo a la mayor brevedad posible. Si son tantas que podrían (con)formar una legión, me serviré otra vez de esta tribuna para “colgarlo”.

El “emilio” en cuestión o de marras, traducido y traicionado (pero por haber sido mejorado), dice:

“Estimado señor, soy Mr. Fredrick Mende, director provincial del Standard Bank en Johannesburg, África del Sur. Necesito informarle sin demora de un asunto muy urgente y confidencial y proponerle un excelente negocio. El 6 de junio de 2002, un consultor extranjero, contratado por la Corporación que explota las minas del país, el Sr. Richard Moss, hizo un depósito dinerario a plazo fijo, por un año y valor de doce millones y medio de dólares americanos en nuestro banco. Cumplido el plazo, le envié una notificación rutinaria a su dirección por si deseaba renovarlo, pero no recibí ninguna contestación. Transcurrido un mes sin obtener respuesta, le remití un recordatorio y, finalmente, me enteré por boca de quienes le contrataron, sus patronos, que el Sr. Moss había perecido en un accidente de tráfico. Durante la investigación adicional, descubrí que murió sin haber testado ni hecho formulación formalizada de sus últimas voluntades, y todas las tentativas emprendidas para encontrar herederos resultaron infructuosas. Por lo tanto, hechas las pesquisas pertinentes y habiendo comprobado que el Sr. Moss falleció sin declarar beneficiarios en ninguno de los documentos obrantes, incluido el del papeleo del fondo colocado en nuestro banco a plazo fijo (como queda dicho arriba), la citada suma de 12, 5 millones todavía está y/o sigue depositada en el banco para el que trabajo, así como los intereses que ha ido generando la suma principal al finalizar cada año. Nadie vendrá en adelante a reclamarlo y, según ley vigente en África del Sur, una vez expirado el plazo de 5 años sin que haya sido requerido por quien se crea con derecho bastante para solicitarlo, el dinero pasará a ser propiedad del Gobierno de África del Sur. Así que la oferta que le hago a usted es la siguiente: tendré el sumo gusto de situarle a usted, en el extranjero, como el pariente más próximo al Sr. Moss y, por lo tanto, su heredero; y, de esta manera, los rendimientos de trabajo de este bendito señor no caerán en las manos de ciertos personajes corruptos del Gobierno. Así de simple. Ergo, si no tiene inconveniente ni pone objeción, le ruego que me remita inmediatamente su nombre y apellidos completos, así como su dirección, para que mi abogado prepare los documentos y las declaraciones juradas precisas que certifiquen que usted es el deudo más propincuo al finado. Asimismo, contratará los servicios de dos abogados para bosquejar jurídicamente el asunto y de un notario que dé fe de la postrera voluntad del occiso, por quienes obtendremos la documentación imprescindible y la declaración necesaria, pruebas administrativas inexcusables a y en su favor para realizar la transferencia. Tendrá que proporcionarme el número de una de las cuentas bancarias que usted tenga abiertas en cualquier parte del mundo para, de este modo, poder efectuarle a usted el mencionado ingreso, como beneficiario por parentesco. La cantidad será depositada en su cuenta con la siguiente conditio sine qua non o acuerdo de que la compartiremos los dos, usted y yo, de suerte que el 60% del monto total sea para mí y el 40% restante para usted. No hay ningún riesgo en todo el proceso, ya que la transacción la gestionará uno de los dos abogados y mi posición dentro del banco garantiza la ejecución sin trabas de la misma. Si usted está interesado, contésteme, por favor, al momento. Recibida su respuesta, le proveeré de más detalles y de los documentos pertinentes, que le ayudarán a entender el procedimiento. Observe, se lo ruego, un secreto extremo. Puedo asegurarle que este convenio será el más provechoso de toda nuestra existencia, para ambos. Además, requeriré su ayuda y consejo para invertir mi parte en su país. Espera sus gracias y respeto y rápida contestación Mr. Fredrick Mende”.

Reconozco que mi primera intención había sido colocar, a salto de mata, donde lo estimara conveniente, digresiones irónicas, sarcásticas y aun vitriólicas entre paréntesis o guiones y en letra bastardilla, pero no la he llevado a cabo, porque he resuelto que no le iba a privar a usted, amable, atento, dilecto, discreto y selecto lector, de ese placer. Así que le cedo, dejo o paso, gustoso, el testigo.

Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.es

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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