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Hoy, hace exactamente un lustro,…

Ángel Sáez García 11 Sep 2006 - 18:32 CET
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(DICHOSO ONCE DE SEPTIEMBRE Y DESDICHADO)

Feliz e infausto, sí, porque, como cada quien es cada cual, cada quisque o hijo de vecino contará la feria según le fuera (o no) a la zaga la esperanza, no obstante Julio Cortázar cortara el azar por lo sano, o sea, el albur a su estilo, gusto o manera, pues, en el capítulo 28 de “Rayuela” (novela de inexcusable lectura obligatoria para cualquier bachiller en Letras) se lee que, de todos nuestros sentimientos (o de nuestros pensamientos todos, ya que, según aireara, profiriera o refiriera Miguel de Unamuno y Jugo, siente el pensamiento y piensa el sentimiento, o viceversa), “el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida; es la vida misma defendiéndose”.

Tras haber sido intervenido quirúrgicamente la víspera por las peritas manos de los cirujanos Ignacio Alberdi, Domingo González de Echávarri y José Antonio Soto (que me extirparon los dos cánceres -desde entonces, para el menda lerenda, “Otramotro”, al menos, la susodicha dicción dejó de ser palabra tabú- incipientes, que ya habían empezado a hacer de las suyas, pésimas, y tanto me desasosegaban), a quienes estuve, estoy y estaré eviternamente agradecido, y cuidado con exquisito esmero, durante veintitantas horas, por las angelicales doctoras y enfermeras de la UCI del Hospital “Reina Sofía”, de Tudela; alrededor de las seis de la tarde del once de septiembre de 2001, nada más mudar de lecho, tras pasarme de la cama de la UVI a la de planta, conforme recorríamos pasillos, tomábamos el ascensor y lo dejábamos, y volvíamos a recorrer más pasillos, hasta que arribamos a la habitación (donde mis propios deudos tomaron el testigo, relevando al cuentacuentos), el camero (que no camillero), celador que (deduje erróneamente) gastaba guasa de la marca “Zumba” y mofa de la casa “Befa”, y, asimismo, el barquero que a la sazón gobernaba mi nave, empezó a largarme verdades como puños, que yo reputé embelecos de mus y museo, inverosímiles y absurdos sucesos (verbigracia, que sendos aviones se habían estrellado contra las Torres Gemelas) ocurridos, según él, tres horas antes en Nueva York (finalizado el trayecto, fueron mis allegados quienes me siguieron suministrando generosos detalles inauditos y pormenores insólitos y canallas del cuádruple ataque terrorista de Al Qaeda), camelos como basílicas o seos, o sea, de proporciones catedralicias. Recuerdo que le dije, poco más o menos, esto: “Para, por favor, que me parto; que, como sigas por ese derrotero, se me van a soltar los puntos de la risa. A otro pipiolo o gozque con ese hueso tan grueso, con tamaña patraña. Que sí, majo, que sí, que acabo de salir de la UCI, pero controlo un huevo y estoy lúcido como una lucerna. Así que ahora ahorra la saliva para cuando quieras colar a otro la trola”.

Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.es

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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