¿EL CHOCOLATE, SUSTITUTIVO DEL SEXO?
(SORPRENDIDAS CON EL “VALOR”)
Una monja se dirige a grandes zancadas por el largo pasillo con el único objeto de darle alcance a la Madre Superiora y, cuando logra ponerse a su altura, le espeta en voz tan baja como malhumorada:
–Señora Abadesa, ¿no es verdad que usted anda pregonando por todo el convento la falta, que compartimos, de que todas las noches, de madrugada, servidora y usted solemos sisar una onza de chocolate de la despensa?
–Pero, ¡qué cosas tiene usted, sor Ángela! ¡Por supuestísimo que no! ¿Por tan torpe me tiene o toma, hermana? ¡Cómo iba a ser tan estúpida como para propalar mi propia debilidad!
–Bueno, bueno, le pido mil perdones, Madre. Ahora bien, le advierto de que alguna otra hermana tiene, como nosotras dos, el sueño ligero y, además, por la razón que sea, a la susodicha le han nacido o surgido inquietudes detectivescas, porque una de estas noches nos ha pillado a ambas in fraganti, con las manos en la tableta. Esta mañana, puede creerme, durante el desayuno, ésa y no otra ha sido la comidilla que se secreteaba.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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