DE CÓMO CORONAR LAS MÁS ALTAS COTAS DEL “SHARE”
Apuéstese (por una cantidad que ronde los quinientos euros) el presentador con uno (él o ella) de los espectadores que han asistido en directo al programa (sea el que sea) a que éste, el último, es incapaz, quiero decir que no tiene los dídimos (si el elegido al albur es él) o los ovarios (si la agraciada por la diosa Fortuna es ella) de bajarse los pantalones o las faldas hasta los mismísimos talones o tacones (esté, o no, el happening en el guión; haya pedido o no haya solicitado la performance quien entregará el talón con la cantidad mencionada al arrojado/a o temerario/a incauto/a fuera de cámaras, nada más finalizar la emisión, grabación y/o realización del bochornoso, jaleador y repugnante espacio en medio del espectáculo –daremos de lleno en el clavo o centro de la diana si reducimos el vocablo a las dos últimas sílabas del mismo-), dejando al aire sus muslos; ergo, de enseñar los calzoncillos o las bragas (si el/la escogido/a los/las lleva, aunque ésa sería harina de otro costal), que esconden los testigos de sus atributos o sex(t)o sentido y, como corolario o correlato, de bajar el listón (mejor, tontón) o los niveles de decoro (no de oro ni de plata, sino de hojalata) del programa hasta hacer pie o tocar el fondo de sus más que profundas simas, donde la indecencia (en su grado sumo) gusta dirigir y protagonizar sus timos más deshonestos, los íntimos o púbicos, con público.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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