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¿Por qué y para qué escribo?

Ángel Sáez García 22 May 2007 - 11:24 CET
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¿POR QUÉ Y PARA QUÉ ESCRIBO?

(MI ESTRENO EN DIARIO SIGLO XXI)

“La buena prosa es como un cristal de ventana”.

“George Orwell”, Eric Arthur Blair

Llevo todo el día intentando responder satisfactoriamente a la pregunta de ¿por qué escribo? Estoy prácticamente convencido de que dos son las raíces o veneros incontrovertibles donde arraigan y/o beben mis urdiduras (o “urdiblandas”). Cabe hallar una en el claro y fresco manantial de la lectura. Y es que ésta y aquélla, la lectura y la escritura, son dos vasos comunicantes que, mediante la ósmosis, se promedian (o encuentran la paz). La otra se halla en una sensación indócil y engorrosa que, desde que, cual okupa, se instaló en mi existencia, jamás he logrado desembarazarme por completo de ella, el déficit de cariño, que siempre padecí (como, asimismo, se predica, con relativa frecuencia, de quienes sufren las hemorroides) en silencio.

Como acaban de dar las diez de la noche en el reloj de la catedral, ergo, le quedan a la jornada un par de horas hábiles, las que dispongo para hilar el primer artículo que, Deo volente, me publicarán mañana en Diario Siglo XXI, y no he trenzado más que el primer parágrafo del mismo, decido unir por lo sano o ensamblar y ensanchar el título de la presente columna y, por lo tanto, no conformarme con contestar única y exclusivamente a la cuestión de ¿por qué?, sino también al interrogante de ¿para qué escribo?

Tengo para mí que urdo palabra tras palabra tras palabra… con las inestimables y nunca bien ponderadas ayudas del amor y del humor. El primero me permite comprender el mundo que me circunda (corrijo, que rodeo), a mis semejantes y a mí mismo. El segundo me echa la mano necesaria para aguantar a los demás y soportarme. Esto, evidentemente, no lo aprendí por ciencia infusa, sino que me lo enseñó, pásmese usted, desocupado lector, el mismo Dios. En sueños, un día acudí al Cielo para hacerle una rauda interviú a la Santísima Trinidad. Hechas las presentaciones y estrechadas las diestras, le espeté, de sopetón, qué hacía durante tantas horas como tiene la eternidad. Dios, sin dudarlo un segundo, me respondió que amar, a secas. A renglón seguido, le interrogué si se concedía algún tiempo de ocio o asueto para él. Por supuesto, me contestó. En qué lo ocupaba, insistí en preguntarle. En absolver y absolverme, sentenció. Espero haberle sacado parte del jugo a su lección.

Para coronar éste, mi debut en Diario Siglo XXI, creo que puede ser un acierto fundir aquí y ahora el por qué y el para qué escribo. Escribo por una palmaria falta de afecto, para subsanarla. Parafraseando (más bien, “aditamentando”, complementando, implementando y/o suplementando) a Gabriel García Márquez, “Gabo”, trenzo mis urdiduras (o “urdiblandas”) para que los que no me quieren me quieran y los que ya me quieren me quieran más.

Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com

Adenda
Como llegará el día en el que el estilo de uno (sin ánimo o ápice de jactancia ni pizca o voluntad de orgullo) será más oscuro que el que usa hoy, convendría que el desocupado lector de estos renglones torcidos recordara entonces lo que sigue (una verdad como un templo), de José Lezama Lima, que “sólo lo difícil es estimulante”.

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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