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El dragón bufa

Ángel Sáez García 13 Jul 2007 - 10:38 CET
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EL DRAGÓN BUFA

(LA VENGANZA ES LA DANZA QUE BAILA UNA LANZA CUANDO ÉSTA AVANZA CON EL PROPÓSITO DE CLAVARSE DE LLENO EN LA PANZA)

“La lengua del adulador daña más que la espada del enemigo”.

San Jerónimo

Así es, sin duda. Y es que, como airea, predica y/o sostiene un proverbio español, “el que hoy te compra con su adulación mañana te venderá con su traición”.

Érase un filósofo soltero, inexperto en cuestiones amatorias, convaleciente de su enésima operación quirúrgica, necesitado de cariño y de la existencia incontrovertible de una musa real que le suministrara sus inexcusables raciones y vivificantes píldoras de Amor físico e intelectual, que precisaba recibir con asiduidad y sin falta para seguir tirando o sobreviviendo en este valle de lágrimas, que tuvo la malhadada suerte de darse de bruces o topar y caer en las “interneteras” redes tendidas por una arpía, es decir, de inaugurar y mantener hasta límites inauditos, inesperados e insólitos una relación “emiliar” o epistolar con la susodicha, una aburrida y ciclotímica ama de casa de existencia gris, una obesa raposa que estaba obsesionada con la pudorosa prosa rosa. Habiendo sido hecho prisionero por la vulpeja, una vez que aquél estuvo enamorado hasta los tuétanos de la zorra, ésta juzgó que ya había llegado el momento oportuno de dejarse de “tomablandas” de pelo y darle al incauto y enamoradizo “letraherido” el corte o hachazo definitivo, o sea, tomarle, impunemente y a lo grande, la guedeja o vedeja al mencionado “verbadebelado”, que no significa otra cosa que rendido por las palabras.

Todavía resuenan en las paredes de la cueva donde suele elaborar sus pócimas y potingues la bruja las risas y carcajadas que soltó cuando, habiéndole hecho gastar al memorioso memo más de trescientos euros, como pago de los viajes de ida y vuelta a Barcelona en tren (a fin de conocerla en persona) y el uso de la habitación 504 de cierto hotel de tres estrellas (donde quedaron), lo dejó allí plantado, arrumbado, con dos palmos de narices, dándole calabazas.

Pero, al parecer, no tuvo bastante con consumar el “chandrío”, esto es, consumir la mentada cantidad de pitorreo. Le había cogido tanta afición, dependencia y gusto a mofarse de su embelecado embelesado que pergeñó una manera de reírse aún más de él, un denodado urdidor de innumerables casos y cosas, de seguir divirtiéndose a su costa. Pues le dio por escribir varios relatos contando anécdotas y pormenores de diversos aspectos del asunto de marras, que tituló, por ejemplo, con insuperable gracia, “Fui suma” (de mil y una befas, choteándose cuanto quiso de su arrebatado) y “Despertares con risas y rosas a mares” (burlándose del tonto del haba a mandíbula batiente, llegando a desternillarse de la mucha y suprema hilaridad).

El filósofo solitario sostuvo la relación epistolar hasta que, por fin, habiendo conformado un grupo de lectura entre seis de sus amigos más íntimos, y habiéndoles abastecido de cuantos cuentos había trenzado la tiparraca o tipeja, éstos le entregaron las conclusiones a las que habían llegado al respecto. Tras releer ene veces las mismas, resolvió lo obvio y soltó por su mui el “ahora me toca a mí herniarme, ricura. Aférrate al palo de tu escoba y vuela, porque los del Santo Oficio vienen por ti, quiero decir, el dragón bufa”.

(Continuará –todavía no sé cuándo, pero tengo para mí que el susodicho ha sido alumbrado con las claras intención y vocación de seguir-.)

Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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