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Dos lagrimones y una cópula sobre el absurdo bancario

Ángel Sáez García 17 Jul 2007 - 10:41 CET
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DOS LAGRIMONES Y UNA CÓPULA SOBRE EL ABSURDO BANCARIO

LAGRIMÓN IZQUIERDO

Gente versada en las diversas (algunas, ciertamente, perversas) artes de la sofistería, cuca, muy cuca, pretende colarnos de rondón la especie insidiosa, mendaz, de que, en las circunstancias que concurren y las costumbres que corren, que parece que vuelan (como las modas, que, mutatis mutandis, cambian los modos de tejer y vestir las ropas como de lugar los nómadas), la riqueza ya no se mide ni se pesa con desfasados o trasnochados puntos de vista, o sea, con los parámetros y la metodología de antes, quiero decir, considerando los abonos, que se anotaban en la columna que encabezaba el marchamado “haber”, y teniendo en cuenta los cargos, que se asentaban en la que presidía el rotulado “debe”, sino haciendo caso, única y exclusivamente, a las deudas. (Pre)sentado lo anterior, esto, con ser malo, no es lo peor, porque, dicazmente aleccionada por expertos embaucadores y, gracias a algunos éxitos parciales alcanzados, engañabobos, trampantojos, ufana y eufóricamente animada a sí misma, aspira a hacernos comulgar con el siguiente sofisma indigesto: “¿Poder adquisitivo o capacidad de endeudamiento? Pero, ¡qué más da! ¿Habráse visto mayor necedad o pérdida de tiempo y tamaño disparate? ¿Acaso estamos hablando de distinta cosa? ¿No nos encontramos ante un claro caso de sinonimia? ¿Acaso no son dos maneras diferentes de referirse a lo mismo, al acoso mutuo, en definitiva, a otro ocaso o saco roto?”.

CÓPULA

A lo mejor, lo peor no es que hayamos perdido el norte. Eso acaso sólo sea lo peor de lo malo. El absurdo o el ocaso de ese astro que se llama asco, lo peor de lo pésimo, es que hemos extraviado la brújula, disfraz con el que gusta disimular y suele pasar inadvertido el juicio.

LAGRIMÓN DERECHO

Hoy se tiene por chisme acéfalo o por chiste ápodo, más o menos cáustico y fácil, por sucedido ambivalente y controvertido o contradictorio, pues, dependiendo del estado de ánimo del sujeto, ora mueve a hilaridad, ora a aflicción, la paradoja de que, para que una entidad de alhorre, perdón, de ahorro, nos preste dinero, hemos tenido que demostrar previamente que lo teníamos o tenían las personas allegadas, deudos, que nos han avalado, y mucho, invertido en alhajas, en obras de arte, en bienes muebles, inmuebles y/o semovientes, en formación o, abreviando, en diferentes valores bursátiles.

Hoy se necesita probar documentalmente la repanocha, el súmmum o el colmo de los colmos, esto es, que tenemos crédito para que nos lo concedan.

Hoy (mis heterónimos –el menda lerenda, E. S. O., un andoba de Cornago y Otramotro incluidos- también abundan en las tesis susodichas, memorandas) es preciso persuadir a quienes corresponda con la guinda, es decir, que uno tiene patrimonio bastante, estimado y estipulado en más del triple del préstamo solicitado a la entidad bancaria de que se trate, para que el apoderado o el director de la “susotrenzada” o ambos, según el caso, estampen sus respectivas firmas y rúbricas, sin el menor recelo a recibir represalias o reprimendas de sus superiores, supervisores, en el contrato, debajo del plácet, el níhil óbstat o las expresiones que le convengan más apropiada y correctamente y se ajusten mejor a la materia, al estado de la cuestión y al argot bancario.

Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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