PARA INFLUIR EN LOS DEMÁS, NO HAY NADA COMO DAR BUENOS EJEMPLOS
“No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”.
Albert Einstein
Hoy, miércoles, 16 de enero de 2008, en la página 14 del “pluscuancentenario” DIARIO DE NAVARRA acabo de leer el artículo titulado “PIZARRO Y LA CHINA”.
En el supuesto de que su autora hubiera llevado a cabo, quiero decir, hubiese dedicado los cinco inexcusables e imprescindibles minutos, cinco, que servidor acostumbra a recomendar a todo/a aquel/la que urde sus textos con prisas, pésimas asesoras, consejeras o mentoras, como viene demostrándose un día sí y otro también, a fin de releer lo que había trenzado, con el señero objeto o propósito de corregir los errores que, a la hora de redactar sus notas, había pasado por alto, estoy obligado a comentarle que, en concreto, en la susodicha columna hodierna, olvidó enmendar, nada más y nada menos, que ocho acentos ortográficos, ocho:
“Si a cualquiera de nosotros nos preguntaran donde (sic; falta la tilde) estábamos y que (sic; ídem) hacíamos aquel fatídico 11- S (…) y en directo como (sic, ídem) dos aviones (…) Recuerdo que estaba Matias (sic; ídem) Prats (…) algunas solo (sic; ídem) habíamos oído hablar muy de pasada.
“Cuando (…) hable (sic; ídem) telefónicamente con Pizarro y le pregunté, por pura curiosidad, como (sic; ídem) había podido hacer (…) Solo (sic; ídem) asocié (…)”.
Convendría, esto es, vendría como alianza al anular, que quienes solemos escribir en los periódicos (de papel y digitales) hiciéramos el esfuerzo de respetar al máximo todas las reglas, incluidas, por supuesto, las de la acentuación; y es que, siguiendo con las numerosas enseñanzas que nos legó el autor del exergo, “dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única manera”.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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