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Violeta Santander es una desagradecida

Ángel Sáez García 03 Sep 2008 - 13:33 CET
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VIOLETA SANTANDER ES UNA DESAGRADECIDA

Acabo de leer las insolentes y estomagantes declaraciones que ha hecho Violenta (sí, así, porque de esa guisa se ha expresado, con la ene de necia) Santander en una entrevista que concedió a la revista Interviú, y no salgo de mi asombro.

Si, según el proverbial paremia que solía acudir con cierta frecuencia a la boca de mi señor y finado padre, de bien nacidos es ser agradecidos, por ahí andan unos cuantos desagradecidos, además de desaprensivos, sueltos. Verbigracia, la torticera titular de las nauseabundas y repugnantes palabras vertidas (muy controvertidas y nada divertidas) que han motivado éstas, las presentes, que pretenden componer una contumelia y un remoquete.

Acá, ahí y allá todo hijo de vecino, o sea, todo cristo, no sólo el menda lerenda, Otramotro, viene escuchando por doquier, porque son y conforman una legión quienes repiten la misma estupidez hasta el hartazgo, la clásica, típica y tópica necedad de que todas las opiniones son respetables. Acaso tal iteración se deba al hecho inconcuso, por incontrovertible, de que no tengan todo lo claro o cristalino que les gustaría que fuera o estuviera esto, que lo íngrima, proba y realmente respetable es el hombre y su facultad de escrutar, escrutarse y predicar, quiero decir, pensar y largar por su mui lo pensado (por ejemplo, lo declarado —falto de empatía y pletórico en iniquidad— por Violeta, salvando a su pareja y condenando al profesor Jesús Neira, que es la repanocha, el colmo de los colmos), lo que no merece respeto alguno, como es obvio; mas de estos pareceres sutiles acostumbra a sentenciar el sentido común (que, como todo el mundo sabe, es el menos común de todos los sentidos) y no la prisa, a la que, por lo que se colige sin apenas esfuerzo, todas sus asesoras dejaron en la estacada, todas sus consejeras dieron calabazas.

Reconoce y recoge el refranero español que a quien, por su gusto, duerme en el suelo no hay que tenerle duelo. O sea, que a quien, por su propia voluntad o iniciativa, apetece ser contumaz, esto es, perseverar en el error, que, entre pan y pan, se lo ponga y coma, a modo de bocadillo de chistorra o de “chistorror” (fusión de chiste y horror).

Como el decimero, que también porto (y soporto) y viaja a todos los sitios conmigo, quiere dejar aquí una muestra de su arte poética, le cedo gustoso el epílogo o colofón:

A quien duerme, por su gusto, / Al raso, en el frío suelo, / No le tengo ningún duelo. / Si cree que así su busto / Se reafirma, no hay susto.

A quien peta el contumaz, / Y agrada ser pertinaz, / Hiperterco en el error, / No parecerá un horror / Actuar como el tenaz.

Ángel Sáez garcía
otramotro@tudela.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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