ENTIENDO LO QUE ME ESCRIBES, “BEGO”
Dilecta “Bego(ñac)”:
Puedes creerme a pies juntillas cuando te confieso que cada palabra que hilo la escojo o elijo con toda la propiedad y toda la corrección que soy capaz de mostrar o poner de manifiesto (está claro, cristalino, que unos días el menda, su seguro servidor de usted, está más hipersensible e (ins)pirado que otros). Es lógico que no te guste todo lo que trenza este andóbal. No obstante, me satisface mucho que un porcentaje muy amplio de lo que urde Otramotro te pete.
Por no alargar éste, iteraré lo de Pero Grullo, que el hombre (en genérico) es un ente que yerra. Ergo, es propio de un ser humano (no necesariamente de uno sabio) reconocer que erró. Ahora bien, me temo que, a pesar de las su(pre)mas altura y envergadura de las que hace gala nuestra denodada pretensión de no volver a equivocarnos, si ayer y hoy desbarramos, mañana marraremos.
Como, en principio, lo conveniente y lógico es poner en tela de juicio muchas de las informaciones que nos suministran, a fin de no colocar en compartimentos o departamentos estancos a los demás (éste es así y de aquí no lo muevo; ese otro es de esa otra manera y de esa hornacina no se menea; aquél…), procuro hacerme una idea de las personas poco a poco, paulatinamente. No te traté de niña pequeña, porque ignoraba que fueras veinteañera (a no ser que hayas retomado tus estudios recientemente o entraras en la Facultad de Medicina por medios extraordinarios: mayor de 25 años, etc.).
Entiendo lo que me escribes. En el supuesto de que trabajes o hayas trabajado de cara al público, te comprendo completa y perfectamente. Yo, que he tenido que ganarme el sustento durante muchos años realizando las tareas asignadas a un camarero, para poder estudiar y “sobrevivir” (procedo de una familia humilde, pero muy honrada y trabajadora), puedes estar segura de ello, te entiendo. Si eres o has trabajado de tal, o de gogó (y no digo nada, si has sido o eres prostituta —es sólo un supuesto, una hipótesis de trabajo, claro—, lo que has tenido que padecer o sufres a diario), me hago cargo.
No tengo ningún problema (ni objeción o salvedad que hacer) en mantener una comunicación epistolar regular contigo, siempre que pongamos las cosas claras desde el inicio (no soporto que me mientan; es una circunstancia que me enerva, molesta y supera, que hace que me indigne y subleve). Creo que puede ser beneficiosa (enriquecedora) para ambos.
¿A tu primer apellido, Urtado, no le falta la hache?
Te remito un vagón repleto de saludos.
Espera tu contestación quien se tiene por tu nuevo amigo,
Félix Unamuno.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
P. S. Por cierto. Suelo aprovechar las epístolas que escribo como borradores de mis textos futuros. ¿Tienes algún problema en que siga con esta costumbre? Te consultaría qué nombre podrías llevar en el mundo literario, si es que te avienes a ello.
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