ADIÓS, DISFUNCIÓN ERÉCTIL, ADIÓS
(A VER SI, ASÍ, YA NO ME MANDAN MÁS PROPAGANDA AL RESPECTO)
Hubo un tiempo (no tan lejano en el ídem) en el que mi existencia (por azarados y azarosos argumentos cancerosos, gangrenosos —llamados de esa guisa porque el albur, refractario, seguía, erre que erre, en sus trece, cancelando hasta las rosas más apreciadas y preciosas para mí, las rojas) se me antojó un proyecto vital absurdo, fallido, irrealizable; en el que el mundo, realidad poliédrica donde las haya, se empeñaba en enseñar, en esgrimir, en exhibir, su faceta o máscara más oscura, atiborrada de puntos (en los que brillaban, por su ausencia, los cuatro proverbiales, cuatro, cardinales; y, por su presencia, los barros, las espinillas) y agujeros negros, donde pugnaban por no ahogarse en sus vacíos respectivos dos náufragos, el esperanzador Amor y el caritativo Humor; hasta que apareciste tú, Alba, en el curso de mi vida; y llenaste mi peregrinaje por este valle de lágrimas de enhiestas ensoñaciones primaverales, acallaste y allanaste mis penas; y, como colofón, agrandaste y endureciste, sin tener que ingerir una sola pastilla azul de sildenafilo, mi pene.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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