CUANDO LOS DATOS SON LOS QUE SON
A finales de marzo de 2008 había en España dos millones largos de desempleados. En la campaña de esas elecciones generales, a Zapatero toda España pudo escucharle prometer “pleno empleo” (e incluso muchos pudimos ver y leer dicho lema, “Por el pleno empleo”, en los carteles publicitarios pergeñados por el aparato de propaganda del PSOE). Los datos son incontrovertibles. Por lo tanto, prosigamos. Trece meses después, a primeros de mayo de 2009 los parados ya sumaban la escalofriante cifra de cuatro millones. A la sazón, Elena Salgado, ministra de Economía, tuvo a bien comunicarnos a los ciudadanos españoles, por primera vez (luego muchos otros, usando —y hasta abusando de— la misma falsa metáfora, se han encargado de iterarla hasta el hartazgo), aquello de que ya se empezaban a ver los “primeros brotes verdes” de la recuperación económica. Los datos nadie los puede negar. Ergo, avancemos. En abril de 2010 los desempleados ya eran más de cuatro millones y medio. Oímos decir a Celestino (a quien, con la perspectiva relajada que da el tiempo transcurrido, rememorando sin un ápice o pizca de odio lo que le oímos proferir y aún resuena en nuestros oídos, le cuadra o encaja mejor el nombre de Celesfallo) Corbacho, ministro del Paro, que “lo peor de la crisis ya había pasado”. Bueno, pues la realidad ha venido a desmentirlo, porque hace apenas unos días conocíamos la triste nueva de que los parados en España, según la EPA (Encuesta de Población Activa), habían llegado a los 4.910.200. Así pues, habremos de reconocer lo obvio, que el dato es pésimo, como, asimismo, lo es el Gobierno (aunque acaso sería más justo hablar de desgobierno) que mantenemos y soportamos. O ¿el Ejecutivo no es responsable de que los españoles estemos como estamos?
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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