Hoy, martes 31 de marzo de 2026, el Consejo de Ministros ha vuelto a confirmar que en España la ley no es igual para todos; o al menos, que hay quienes son «más iguales» que otros. Con la firma de un Real Decreto por Carta de Naturaleza, el Ejecutivo ha otorgado la nacionalidad española a Leopoldo López por una supuesta vía de urgencia. Una medida que no solo beneficia al político, sino que se suma a la alfombra roja extendida previamente a su entorno familiar, incluyendo a su hermana y su cuñado.
El privilegio frente al asilo negado
La pregunta es inevitable y dolorosa: ¿Qué tiene la sangre de los López que no tenga la de los 245.000 migrantes que hoy esperan una respuesta de la Administración? Según los datos más recientes del Ministerio de Justicia, hay expedientes de nacionalidad que arrastran retrasos desde hace años. Familias venezolanas que huyeron de la misma crisis, que trabajan en la hostelería, en la construcción o cuidando a nuestros mayores, y que ven cómo sus citas se posponen sine die. Para ellos, no hay «Carta de Naturaleza» ni consejos de ministros extraordinarios. Para ellos, solo hay silencio administrativo y la amenaza constante de la irregularidad.
El mito de la «indefensión»
El Gobierno justifica esta medida alegando la «indefensión» de López al no tener pasaporte venezolano vigente. Es una burla. Leopoldo López no ha dejado de viajar por el mundo, de reunirse con mandatarios y de participar en foros internacionales gracias a los Títulos de Viaje que el propio Estado español le facilitó.
Mientras tanto, el venezolano de a pie, el que no tiene contactos en la Moncloa ni en el PP, se ve obligado a pagar fortunas a gestores o a esperar años por una renovación de asilo que nunca llega. Para el ciudadano común, no tener pasaporte significa no poder abrir una cuenta bancaria o ser rechazado en un contrato de alquiler. Para López, significa recibir la nacionalidad en bandeja de plata.
Una casta política transnacional
La concesión de esta nacionalidad «a la carta» para López, su hermana y su cuñado, dibuja un panorama de castas migratorias. Parece que ser opositor falsario de élite otorga derechos automáticos que el resto de los mortales debe sudar durante décadas de residencia legal.
«¿Es esta la justicia social de la que presume el Gobierno? ¿Premiar con el DNI a quienes ya tienen el poder y la voz, mientras se ignora a quienes sostienen la economía desde la precariedad?»
La ley del embudo
El artículo 25 del Código Civil permite esta vía excepcional, pero su uso para figuras polítiqueras de este calibre es una bofetada a la integración real. Si la justificación es la persecución política, ¿por qué no se aplica la misma celeridad a los miles de solicitantes de protección internacional que ven sus peticiones denegadas cada mes?
Hoy, el BOE publicará un nombre que ya gozaba de todos los privilegios. Mientras tanto, en las colas de Extranjería, miles de venezolanos seguirán siendo invisibles, recordándonos que en la España de 2026, la nacionalidad no se gana solo con el tiempo y el esfuerzo, sino con el apellido y el oportunismo político.
Hay venezolanos de primera, y luego está el resto. !Qué pena Sanchez!
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