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Natascha, el reality de los informativos

Periodista Digital 07 Sep 2006 - 10:07 CET
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(PD / EFE).- Entre vivir a partir de ahora como una persona normal o aprovechar su caso Natascha ha optado por ser un personaje público, para lo bueno y para lo malo. Tan sólo dos semanas después de su liberación su rostro y sus sentimientos más íntimos han dado la vuelta al mundo, y habla de escribir un libro y crear una fundación. ¿Será que en su cautiverio ha desarrollado una mente emprendedora y comercial o con tanta oferta millonaria le han llenado la cabeza y el futuro de proyectos?

En su entrevista emitida por televisión pública austriaca ORL, Natascha dijo cosas como las siguientes:

Sobre el día de su secuestro:

‘Estaba muy triste. Hubo la noche anterior una pelea con mi madre porque mi padre me trajo muy tarde a casa. (los padres estaban ya divorciados) Era algo que había pasado ya muchas veces. Mi madre estaba sobre todo enfadada con mi padre, pero de alguna forma también conmigo’.

‘Estaba muy triste por eso, porque no era la primera pelea. Ese día fui a la escuela hasta la calle Melangasse y allí, a unos metros, vi su coche estacionado. Pensé en cambiar de acera, no sé porqué, tenía un sentimiento desagradable…pero, no sé porqué, pensé que ese sentimiento se debía a mi estado emocional y simplemente me dije, no te va a morder, y seguí caminando’.

‘El me asió, intenté gritar, pero no me salía ninguna voz’.

‘Al meterme dentro y mientras ponía en marcha el vehículo me dijo que nada me pasaría si me quedaba tranquila. Más tarde me dijo que si mis padres pagaban podría estar en casa de vuelta en uno o dos días’.

‘Aparte de lo que pudiera hacer conmigo, yo no tenía ningún miedo, por el contrario, pensaba: él de todas maneras te va a matar, así que puedes aprovechar tus últimos minutos u horas para usarlos bien. Huir o hablar con él. Le dije que no iba a lograr nada, que la injusticia nunca da frutos y que la policía le encontraría’.

La huída:

Kampusch aprovechó finalmente un momento en que Priklopil se distrajo con una llamada telefónica para huir a una casa vecina, y relató que en ese momento se dijo:

‘Ahora, o quizás nunca más’.

‘Miré, se dio la vuelta. En los meses anteriores ya le venía diciendo ‘no puedo seguir viviendo así, con seguridad voy a huir de ti’.

Sobre la madre de su captor:

‘Sabía que tenía una muy buena relación con él. Que ella le quería mucho y también él a ella, mucho. Ahora me da muchísima pena de que para la Sra. Priklopil esa imagen de su hijo está destruida. Ha perdido su fe en el mundo y en su hijo, y ha perdido a su hijo también’.

Sobre la muerte de su captor:

‘Ese día, Priklopil -yo era plenamente consciente de que cuando huí le condenaba a muerte a él, porque él siempre me amenazaba también con suicidarse- tanto a mí, como al señor que le llevó a la estación de tren y al conductor del tren nos convirtió indirectamente en asesinos’.

Sobre la soledad:

‘no estaba sola, en mi corazón estaba mi familia y siempre mantuve recuerdos felices. Un día me juré que iba a hacerme mayor y más fuerte para poder liberarme. Por decirlo de alguna manera, hice un pacto con mi yo futuro para que venga y libere a la pequeña niña de 12 años’.

‘Tenía pensamientos de todo lo que me perdía, un novio… Siempre intenté ser igual o mejor que las personas de fuera, sobre todo en lo referente a la educación escolar. Siempre sentía que tenía un déficit. Por eso traté de aprender cosas. Por ejemplo, logré aprender sola a bordar’.

Sobre su calabozo:

‘La primera vez no vi nada del sótano, porque estaba completamente a oscuras, no había lámpara, la trajo después de media hora, más o menos. Estaba muy desesperada y furiosa, con rabia porque no cambié de acera (cuando vio el vehículo) o porque no fui a la escuela con mi madre. Era horrible. También impotencia, ese llorar por no poder hacer nada’.

‘Había un ventilador y al principio no podía soportar su ruido constante, me irritaba mucho… Casi me vinieron estados de claustrofobia en ese espacio, y tiraba botellas contra las paredes o las golpeaba con los puños’.

Sobre las salidas con su captor en la última etapa del cautiverio:

‘El era muy cuidadoso, casi no se movía de mi lado, entraba en pánico cada vez que yo me alejaba tres centímetros, quería que yo fuese siempre delante de él, no detrás, para poder siempre verme’.

‘Yo no podía confiarme a nadie porque él me amenazaba con matar a la persona que se enterase, a cualquiera que se convirtiera, por decirlo así, en un cómplice, decía que lo eliminaría, y yo no podía arriesgarme a ello’.

‘Hubo muchas personas a las que intenté hacerles señales… pero la gente, claro, no piensa en algo así, no se les ocurre… generalmente, no había suficiente tiempo…’

‘Por ejemplo, esos vendedores simpáticos en Baumax (supermercado de artículos para la construcción), que le preguntan a una: ¿Puedo quizás ayudarla en algo? Y yo estoy delante de ellos inhibida y con pánico, me vienen problemas de circulación y apenas me puedo mover, y tengo que ver impotente cómo el se deshace del vendedor y apenas tengo la posibilidad de sonreír al vendedor porque es tan amable, y no lo sabe’.

‘Intenté sonreír para aparecer más como en la foto, para que la gente se acuerde de mi foto, porque en las fotos generalmente uno siempre sonríe…’

Sus planes para el futuro:

‘quiero viajar. He pensado quizá en algo así como un crucero, con mi familia. Además, si logró aprobar el bachillerato, me hace ilusión un viaje de fin de curso, pero no con alcohol y otras bobadas’.

‘Quiero completar mi educación y sacarme el bachillerato’.

‘A lo mejor, incluso, puedo escribir un libro sobre mí. Pero no quiero que otros, a excepción de expertos, emitan juicios sobre mí’.

‘Para mí está claro que mediante mi fama tengo también una responsabilidad. No me puedo abandonar. Planeo crear una fundación para montar proyectos concretos de ayuda’.

‘Hay una región (en México) donde muchas mujeres son secuestradas antes o después de acudir a su trabajo y luego son maltratadas y asesinadas. Quiero usar el dinero para evitar que se produzcan más de esos casos’.

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Primera entrevista y primera imagen de Natascha

6.09.06 – 17.47

La joven Natascha Kampusch, que estuvo secuestrada durante más de ocho años y en libertad desde hace sólo dos semanas, resaltó, en su primera y esperada entrevista a la prensa, la desesperación vivida en su largo cautiverio y su deseo permanente de huir.

«Sólo pensaba en huir«, dijo Kampusch en declaraciones a la revista semanal austriaca ‘News’ en su edición de mañana.

Toda la república alpina, conmocionada tras la liberación de Kampusch hace dos semanas, ha estado a la espera de sus primeras declaraciones públicas, así como de su primera aparición ante las cámaras de televisión, que se espera para esta noche.

La radiotelevisión pública austriaca ORF, que comercializa los derechos exclusivos a nivel internacional, emitirá a las 20.15 la entrevista con la joven hecha por un redactor que durante todos esos años estuvo en contacto con su familia.

Se espera que el espacio de 20 minutos de duración bata el récord de audiencia en la república alpina, cuyos habitantes quedaron conmocionados por el secuestro de la entonces niña, en marzo de 1998, y ahora de nuevo, con la reaparición de la joven.

El entrevistador, Christoph Feurstein, ha adelantado que «en la entrevista hay momentos que ponen los pelos de punta» y que ella cuenta cómo, durante el secuestro, trató de hacer señales de socorro con su mirada a la gente con la que se cruzaba, pero que «nadie reaccionó». Natascha «tenía muchas ganas de hacer la entrevista y lo ha hecho muy bien«, asegura Feurstein. «Estaba muy enérgica, muy activa, llena de deseos y de ilusiones para el futuro«, describe.

«Una y otra vez me preguntaba por qué precisamente entre los muchos millones de seres humanos (que hay) justo a mí tenía que pasarme esto«, explicó en la entrevista de ‘News’ la joven de 18 años.

Natascha fue recluida en un zulo subterráneo, debajo del garaje de la casa de su secuestrador, Wolfgang Priklopil, un técnico en electrónica que se suicidó, con 44 años, pocas horas después de la huida de su rehén.

«Yo pensaba: seguro que no he venido al mundo para dejarme encerrar y arruinar completamente mi vida. Estoy desesperada por esta injusticia«, añadió Kampusch.

«Me sentía como una pobre gallina en una batería ponedora (expresión utilizada en Austria que es similar a sardina enlatada). Seguro que han visto en la televisión y la prensa mi calabozo. Así es que saben cómo era de pequeño. Era para desesperarse».

«Siempre pensaba en cómo llegar hasta el punto de poder huir. Pero no podía arriesgarme«, aseguró.

Según Kampusch, su secuestrador «sufría una fuerte paranoia y mantenía una desconfianza permanente«.

«Un intento fallido hubiese significado correr el peligro de no salir nunca más del sótano. Tenía que ganarme su confianza de forma sucesiva«.

Es la primera vez que la joven relata a la prensa cómo vivió su cautiverio, en un recinto subterráneo de seis metros cuadrados, meticulosamente escondido en la casa de Priklopil, situada en la pequeña localidad de Strasshof, cerca de Viena.

Así, su calabozo se encontraba a pocos kilómetros de su antiguo hogar, en un distrito vienés, donde fue secuestrada en marzo de 1998 en su camino a la escuela.

Kampusch también habla de su nueva vida y dice que espera recuperar la formación escolar para poder estudiar una profesión, entre las que mencionó la de periodista, abogada o psicóloga.

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