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Occidente pierde la batalla mediática frente al Islam

Periodista Digital 20 Sep 2006 - 15:14 CET
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Elena de Regoyos (Periodista Digital).- La guerra de civilizaciones se libra en el suelo de Iraq, de Irán o de Líbano, pero también en todos aquellos lugares donde haya un ordenador con acceso a Internet, o una televisión, o una radio. Lo cierto es que el cuarto poder se ha convertido en esta guerra en algo más que eso. Y los radicales islamistas llevan claramente la ventaja.

Nadie como ellos le ha sacado tanto provecho a la inmediatez e impunidad que ofrece Internet. Desde los gobiernos occidentales se ve con suma preocupación la inmensa capacidad tecnológica de los radicales islamistas, que propagan sus mensajes de odio por todo el mundo a través de numerosos sites.

Desde finales de 2001, cuando el gobierno de Estados Unidos inició la “guerra contra el terrorismo”, se ha incrementado el número de grupos extremistas en Internet, y el primero en sumarse al «chollo» fue la red Al Qaeda.

El gobierno de George W. Bush les acusa de transmitir por Internet boletines de entrenamiento, enviar mensajes encriptados en fotografías para preparar ataques, dar consejos sobre secuestros y mostrar instrucciones para crear bombas.

Su poder de influencia se demuestra estos días con el fanatismo desatado en todo el mundo islamista por las declaraciones del Papa el pasado 12 de septiembre, alusivas a Mahoma. Los medios de comunicación -especialmente los que operan online- se encargaron de avivar el fuego repitiendo constantemente lo ocurrido, y tanto se hurgó en la ampolla levantada que ha costado la vida a una monja italiana en Somalia. Aun así, los islamistas cuentan con el favor de los «progres» occidentales, que se unen a su causa.

Lo mismo ocurrió hace meses cuando el poder mediático islamista recuperó la publicación de unas caricaturas del profeta Mahoma publicadas hacía cuatro meses en un diario danés. En aquel momento les convenía encender la mecha entre los radicales afines a su causa, porque Irán negociaba entonces la posibilidad de desarrollar su capacidad nuclear.

Según Reuters, la mayoría de estos sites son en árabe y transmiten declaraciones contra los “americanos infieles” y sus aliados, y promueven la ideología de líderes musulmanes radicales que llaman a los militantes “a matar a los americanos y atacar sus intereses”.

El Global Islamic Media Front

Por ello, en 2002 se creo en Estados Unidos Siteinstitute.org, una asociación civil basada en Washington especializada en analizar sitios extremistas, documentos públicos y medios internacionales para localizar “a grupos terroristas y sus partidarios”. El rotativo informó que los sitios también son claves en la promoción de las ideas y edictos de algunos clérigos.

Según el diario The Independent, la estrategia del llamado Global Islamic Media Front se ha ido adaptando y han terminado por impulsar

“una campaña deliberada de uso del espectáculo, por medio de videos y sitios Web, para presionar a los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido”.

Esta «técnica» ha sido la más utilizada para amenazar con matar a periodistas y voluntarios secuestrados en los lugares donde se libraba la batalla física. Y así han ido tomando posiciones en esta guerra mediática que ganan a occidente.

Les maniataban, les ponían frente a la cámara con un aspecto demacrado y les hacían recitar un mensaje a sus respectivos gobiernos.

Después, el vídeo se lanzaba a Internet y en cuestión de segundos daba la vuelta al mundo, convirtiéndose en la apertura de todos los informativos y diarios, y creando una verdadera presión en torno a los gobiernos correspondientes, que han llegado a tomar medidas para evitar la decapitación de sus ciudadanos secuestrados.

No obstante, no siempre se pudo evitar semejante crueldad, y tambien cuando llevaban a cabo las más sádicas ejecuciones lo grababan y difundían por la Red. Así atemorizaban a la mitad del mundo, a los «infieles», y envalentonaban a los seguidores de su causa.

Los periodistas, al margen de la guerra mediática

Los expertos en Internet y académicos británicos David Garntlett y Ross Hagley, quienes editaron el libro Web.Studies, han afirmado que los periodistas ya no son los únicos que pueden influir en la opinión pública en los conflictos.

En este caso, la poca cobertura de la guerra de Iraq en 1991, comparada con las imágenes desgarradoras de 2003 y 2004, rompe con la distancia entre imagen y realidad que imponían los militares y gobiernos censores. La causa principal era que el público, al descubrir la crudeza y el horror de los conflictos modernos e industrializados, mostraría su rechazo.

Incluso el premier británico Tony Blair ha reiterado en más de una ocasión que le sorprende la habilidad de los secuestradores de “manipular a los medios modernos”, porque dejan a los políticos en una “posición difícil”.

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