Enrique de Diego (Periodista Digital)-. Lo primero que hizo el juez Baltasar Garzón a su vuelta de Nueva York fue entrevistarse con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa. La noticia la di en exclusiva (también uno tiene que reivindicarse). No es una imagen que hable de independencia y de Estado de Derecho.
Puesto que la Sala de lo Penal ya había decidido que la Audiencia no era procedente y que el caso debía ser remitido a los juzgados ordinarios, Baltasar Garzón debía haber desistido de interrogar a los policías, tanto a los peritos como a su jefe. Jurídicamente, no debía haber hecho nada. Ni debía haber obligado a la Sala, que es su superior jerárquico, a recordarle lo obvio.
Previamente, el informe sobre el ácido bórico con sus observaciones no debía haber sido obstruido por la cadena de mando y remitido al juez Juan del Olmo. En materia tan delicada y tan sensible como el 11 M, toda transparencia es poca.
Lo que se percibe es una polémica interna dentro de la Comisaría General de Policía Científica, en la que aunque todas las partes aducen criterios profesionales, no es maledicencia sospechar motivaciones políticas, sobre todo en los jefes.
Hemos llegado al absurdo de considerar que la mera cita de ETA es una cuestión que favorece al PP. Parece haber una verdad de izquierdas y otra de derechas y un retorno al cainismo. Esto lo ha impulsado sin duda Zapatero con el guerracivilismo y que también resulta comprensible en el recuerdo del trauma del 11 M y de su utilización política por parte del PSOE, pero que, si no se combate, va a sumir a amplios sectores de la opinión pública en el campo de la irracionalidad y les va a acostumbrar al fácil expediente de la consigna.
EL MUNDO DAÑA LA INVESTIGACIÓN
Manuel Escribano es tenido por un buen profesional, hasta el punto de que sus dos compañeros se fiaron por completo de él cuando se elaboró el primer informe, el 21 de marzo de 2005, y cuando, el 11 de julio de 2006, volvió a sacarlo del ordenador, cuando Escribano intentó puentear a Ramírez, para evitar la obstrucción previa.
Las declaraciones de Agustín Díaz de Mera, dando la pista, sugieren una operación coordinada político-mediática. Sin embargo, el eurodiputado ha negado conocer a los peritos. Eso induce a pensar que se trata de una simple filtración que El Mundo presentó con algunas calificaciones jurídicas, como la de falsificación, que han ayudado tanto a magnificar como a confundir las cosas.
La asunción, tras el verano, de la teoría de la conspiración por ese diario ha dañado a sus trabajos de investigación.
CONEXIÓN DÉBIL CON ETA
La actuación de Baltasar Garzón, dividiendo a un Consejo General del Poder Judicial, muestra la politización abrumadora de nuestro Estado de Derecho y la tendencia casi instintiva al uso alternativo del Derecho, amén del factor del ego súperperlativo del personaje (tan jaleado, en su día, por El Mundo).
El rechazo de la denuncia de Manos Limpias sobre el jefe de seguridad del PSOE, Fernando Mariscal, por su posible relación con el chivatazo al aparato de recaudación de ETA, es otra decisión polémica, aunque en este caso puede pesar la falta de consistencia jurídica con la que suele prodigarse el citado sindicato. La versión de la felicitación por su cumpleaños al jefe de la brigada operativa de San Sebastián, Manuel Risco, merece una investigación que despeje todas las dudas.
Volviendo al ácido bórico. El informe en sí tiene una relevancia débil para establecer la conexión etarra en relación con el 11 M. En el momento de elaborar el informe, los peritos ni tan siquiera conocían la posibilidad de que el ácido bórico pudiera ser utilizado como explosivo y se referían a efectos de conservación y camuflaje respecto a su localización por los perros, algo que parece apuntar a la Renault Kangoo.
Por de pronto, lo más relevante es que Baltasar Garzón ha roto por completo su vieja alianza con Pedrojota Ramírez. Ese tándem funcionó durante toda la etapa judicial de los GAL, bien que por el despecho de Garzón al no haberle cumplido sus expectativas Felipe González, después de ir como número dos en la lista del PSOE por Madrid.
La imagen de juez estrella y héroe social de Garzón ha sido habitualmente muy cuidada –casi creada- por El Mundo. La ruptura de relaciones tan estrechas del pasado suele derivar en enemistades muy profundas en el presente y con proyección de futuro.
RELACIONES TRUNCADAS ENTRE ZP Y PEDROJOTA
Es el caso también de las relaciones entre Zapatero y Pedrojota El actual inquilino de La Moncloa nunca, como es notorio, ha sido santo de mi devoción, pero las relaciones entre ZP y Pedro J han sido, como es mucho más notorio, incluso clamoroso, estrechas.
Pedrojota lo idealizó durante dos años –seguramente porque esperaba, en el sentido más mercantilista, la concesión de una televisión en analógico, promesa que, al parecer, le transmitió Rubalcaba-, hizo frente común con El País contra la foto de las Azores y Aznar –seguramente despechado porque éste último no le entregó a precio de saldo Telefónica Media- y, de hecho, fue el primer periodista en entrevistar a Zapatero en La Moncloa, en un clima de arrobado compadreo.
Ahora el presidente le viene situando como el líder de la extrema derecha, lo cual es evidentemente una exageración, porque probablemente ni Pedrojota sabe muy bien qué es, a estas alturas, ideológicamente, salvo navegar por el más estricto oportunismo intelectual y por el más vago y vergonzante progresismo (una de las muestras más recientes ha sido rebuscar hasta encontrar a un jesuita, de esos que se pasa el cuarto voto por el arco del triunfo, para criticar, a doble página, el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona)
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO
Por lo demás, estamos asistiendo, estupefactos, a la escenificación del alto grado de politización de la Policía y de la Justicia, provocado por el partido socialista y su instinto intervencionista y controlador y que el Partido Popular, en ocho años, no corrigió.
Vamos a ver, hay dos cosas. La teoría de a quién beneficia no se puede aplicar de manera sistemática y rigurosa. Aquí hay dos cosas muy distintas que yo creo que es importante separar. Uno son los hechos que conocemos, públicos, de manipulación del atentado del día 11 al 14 en perjuicio directo al Partido Popular y la otra cuestión es quién comete ese atentado, que eso es lo que todavía no tenemos claro y eso es lo que hay que, en mi opinión, llegar a esclarecer.
No deseo que se produzca en ella el linchamiento moral que han pretendido conmigo los devotos y que siempre me anima a no arredrarme.
No todo vale. No es cuestión de dogmas ni de decir la más gorda, sino de buscar indicios, pruebas y ni perder el sentido de la realidad ni abjurar del legado de la ilustración en nombre de tardoestalinismos y de histéricas exigencias de meterse en estrechas y asfixiantes trincheras, de quienes han pasado, por ejemplo, de Azaña al bando nacional, con la misma pasión dogmática.
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