Elena de Regoyos (Periodista Digital).- El generalizado prestigio del que goza el diario El País, si no por su independencia ideológica sí por su seriedad periodística, se ve desde hace meses empañada por una aparentemente incomprensible obsesión por lo que publica su competencia directa: El Mundo. La guerra de audiencias está desatada y le está haciendo perder el rumbo a más de uno.
El pasado mes de septiembre, unas significativas declaraciones de Juan Luis Cebrián sobre los datos de audiencia de El País, dieron por confirmada la guerra de medios en la que se centraba ahora prioritariamente su diario.
Desde entonces, en el rotativo de PRISA parecen trabajar más por desacreditar la información que publica El Mundo, o los métodos para conseguirla, que por hacer su propio trabajo periodístico.
Este jueves dedica Javier Moreno uno de sus editoriales (La estrategia del ruido (€)), antes nunca centrados en su competencia, sino en la agenda informativa, a desacreditar al redactor de El Mundo, Fernando Lázaro, sobre la última información que publicaba en El Mundo para tratar de sostener su dudosa teoría conspiranoica.
Le echa en cara a Pedrojota una obsesión que pone en peligro la ya frágil situación de nuestro Estado de Derecho:
”La sarta de embustes y presuntos delitos cometidos por los policías y su confidente merecerían una atención limitada, la que corresponde a un desgraciado caso de corrupción policial, de no mediar la circunstancia de que los delincuentes intentaron disfrazar sus fechorías, y al mismo tiempo rentabilizarlas, recurriendo al fantasma de esa conspiración sobre la autoría del múltiple atentado del 11-M que viene defendiendo un sector del Partido Popular sobre la base de las exclusivas que administran El Mundo y sus alrededores.
Aunque las conclusiones judiciales conocidas, adoptadas después de investigaciones amplias y contrastadas, rechazan cualquier conexión de ETA con la masacre, y aunque las supuestas investigaciones periodísticas han incurrido en ridículos tan estrepitosos como el de la mochila cambiada o atribuir un vehículo a ETA porque aparecía una cinta de la orquesta Mondragón, los partidarios de la fantasmal conspiración insisten en exigir que jueces y policías no cejen en la búsqueda de pruebas que confirmen sus disparatadas hipótesis.”
LOS ÚLTIMOS CONTRA-ARTÍCULOS
Y es que desde que El Mundo entrevistara al ex minero e implicado en la venta de explosivos del 11-M, Emilio Suárez Trashorras («Mientras El Mundo pague, yo les cuento la Guerra Civil»), a cada artículo con nueva información de Pedrojota sobre aquella trama, El País responde con un contra-ártículo para tratar de desacreditarlo.
En la última semana, sin ir más lejos, son ya tres las informaciones de portada o editoriales que El País dedica a lo que El Mundo publica para intentar justificar su teoría conspiranoica. Este miércoles el diario de Polanco publicaba la trascripción de las conversaciones «entre el periodista de El Mundo Fernando Lázaro y el policía Celestino Rivera».
Y tan sólo cuatro días antes, el dos de diciembre, acusaba este periódico a El Mundo de estar en un montaje sobre el 11-M:
«A sabiendas de que sus teléfonos estaban pinchados, los policías contactaron con El Mundo, que vinculó ese delito simulado con la teoría conspirativa del 11-M para enmarañar la investigación».
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