Elena de Regoyos (Periodista Digital).- Así de crudo lo planteaba Cristina López Schlichting en su columna de La Razón este miércoles. Parecía querer hablar de política, de kale borroka y de la recientemente profanada tumba de Gregorio Ordóñez. Y así empezaba su artículo, pero pronto enlazó con lo que considera otra profanación de tumbas equivalente: la que ejercen muchos periodistas o colaboradores «del corazón».
«Hay algo atávico, tribal, monstruoso en esto de estorbar a los difuntos[…] En las teles está de moda destripar la ex vida de los finados y ya no basta morirse para que te dejen en paz […] Ahora, aún con el cuerpo caliente, empiezan unos y otros a sacar a la luz tus debilidades, vicios y pecados para que se enteren tus hijos y nietos.
[…] Encarna Sánchez ha sido un ejemplo de descuartizamiento mucho peor que cualquier proceso inquisitorial y algo apunta a que los profanadores del pasado se disponen a fajarse con Rocío Jurado.
Cuando pregunto a los conductores de estos programas si no les da apuro lo que hacen me contestan, ora que la persona era malísima en vida, ora que como está muerta todo da igual.
[…] Mi único consuelo es que los vándalos vascos que han pisoteado las flores de la tumba de Ordóñez no son muy distintos de estos carroñeros mediáticos: este tipo de odio cainita demuestra que todos somos españoles».
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