
(PD).- El fuego amigo ha sido cruel con Mariano Rajoy. Desde que perdiera las elecciones generales en marzo, Pedrojota Ramírez, utilizando de altavoz a la COPE de Losantos, ha liderado una campaña mediática para descabalgar al presidente del PP. Con el locutor de la emisora de los obispos ya desactivado, Rajoy ha lanzado un mensaje claro al director de El Mundo: «Yo soy sospechoso de muchas cosas, pero si algo he demostrado en política es que no acepto chantajes ni presiones». El presidente del partido hablaba de Bárcenas, pero el mensaje iba para Pedrojota.
El viernes diez de julio muchos fueron los que echaron un gran suspiro de alivio en la sede del Partido Popular. Federico Jiménez Losantos decía su adiós en la cadena COPE. Durante años, el famoso locutor había masticado la actualidad para servírsela ya casi digerida a su millonaria audiencia, unos oyentes que son parte del sustrato sociológico de la derecha, y del que se alimenta a la vez el PP. Eso sí, Losantos funcionaba en perfecta coordinación con Pedrojota Ramírez, director de El Mundo, que es el que marcaba las líneas a seguir.
El presidente del PP, Mariano Rajoy, ha aguantado las de Caín. Al minuto siguiente de conocerse el resultado electoral, Pedrojota caviló la estrategia: este tío se tiene que ir a su casa. E hizo lo imposible. Incluso preparó y alentó junto a Federico Jiménez Losantos una manifestación a las puertas de la sede central del PP contra Mariano Rajoy de militantes enfadados. Para los anales.
Pasados ya los meses, y con un Rajoy fortalecido por la victoria de su partido en Galicia, su papel en el País Vasco y por los resultados de las europeas, puede darse por desmontada la estrategia de Pedrojota Ramírez.
Aunque el director de El Mundo está agarrándose como a un clavo ardiendo para que el caso ‘Gürtel’ merme el liderazgo de Mariano Rajoy, éste le ha mandado un mensaje claro, nítido, contundente: «No acepta presiones de nadie». Y a las pruebas se remite. Sobre El Mundo y la COPE, escribe Marcello (Pablo Sebastián) en Estrella Digital:
Ahora estos medios le piden a Rajoy el cese de Bárcenas y al Tribunal de Valencia el «indulto» de Camps, pero con un matiz: porque parecen haber pactado con el presidente valenciano su dimisión irrevocable, en caso de que Camps deba sentarse en el banquillo del juicio con jurado como se lo pide el juez instructor de su presunto cohecho por el regalo de unos trajes. Un extraño pacto al que parece haberse prestado Camps -concretamente con el director del diario El Mundo- un tanto a la ligera, y que no gusta en la dirección nacional del PP.
Entre otras cosas porque, al margen del recurso que el valenciano acaba de presentar ante la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior valenciano, Camps y los demás imputados tendrían derecho a un recurso de casación ante el Tribunal Supremo si se inicia el juicio oral en su contra, con lo que tendrían otra oportunidad y no habrían agotado en dicho juicio su recorrido judicial.
De manera que, por enésima vez, Rajoy ha dicho que no a sus adversarios mediáticos y de paso ha transmitido un claro mensaje al resto de dirigentes del partido para que dejen de opinar sobre el caso. Y mucho menos contra la posición oficial del líder y de su equipo directivo, que, básicamente, se resume en agotar todos los trámites legales en favor de la presunción de la inocencia de los afectados, y también en la defensa de los intereses del PP.
Y concluye:
Sin embargo, los conspiradores anti-Rajoy -que no habitan en los lejanos desiertos ni en remotas montañas, como diría Aznar-, convencidos de que Gallardón vive en el limbo del monte Olimpo, y de que Aguirre se bate en retirada -ayer Rajoy la obligó a abstenerse en el Consejo Fiscal, después de que ella dijera que votaría en contra del nuevo sistema de financiación de las Autonomías-, ya están urdiendo su enésimo plan por si las llamas de este ‘caso Gürtel’ alcanzaran la sexta planta de la sede «genovesa» del PP. Así y como si de un regreso al pasado se tratara, los conspiradores suspiran por la foto del balcón de Carabaña para recuperar en ella a Aznar y Rato, como un posible tándem en el partido y en el cartel electoral. Pero Mariano es mucho Mariano, es implacable, como dice Zarzalejos, y no da un solo paso hacia atrás.
Un día antes, en el mismo diario, José Antonio Zarzalejos -que ha sufrido las iras de los dos periodistas más que nadie en sus propias carenes- escribía:
¿Quién dijo que Rajoy no era un killer? Lo es y los que le rodean, tanto para amarle como para detestarle, van conociéndole.
La crisis de «Gürtel» está demostrando que en Rajoy, quizá fruto de la dureza con la que ha percibido las críticas a su supuesta inanidad, hay un personaje esotérico, extremadamente duro, paciente hasta la exasperación del contrario, olfativo del hartazgo de su electorado con el PSOE… y dispuesto a ser presidente del Gobierno. Parece haber entendido -como Felipe, como Aznar, como Zapatero- que los escalones que llevan a la poltrona presidencial son, en realidad, las espaldas de sus propios compañeros de partido. Muchos no sabían que Rajoy podía ser un tanto cruel. Ahora puede comprobarse que es perfectamente capaz de serlo.
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