Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

La complicidad de la izquierda española con lo peor de lo peor

España: Las 9 reglas para ser un buen progre

Surgieron en los últimos años del franquismo y los primeros de la transición

Mario Lima Actualizado: 16 Mar 2026 - 08:46 CET
Archivado en:

Más información

Alfonso Rojo: «Si no tiene ‘güevos’ para pelear, hágase ‘progre’ que es lo más rentable en España»

Sobre los Reyes Magos y su sucedáneo ´progre´ con perspectiva de género

En los últimos años ha habido un resurgimiento del «progresista» español.

Aunque sólo ‘progresan‘ ellos y eso que llaman progreso realmente sea involución.

Vaya por delante que eso que llaman moderno son en realidad las ideas más trasnochadas que uno pueda imaginar.

Yendo al origen, se les podía reconocer con cierta facilidad, por su pelo largo, su americana de pana y su barba (estos dos últimos aspectos en el caso de los hombres, claro), y, en caso de requerirlas, sus gafas redondas.

Sus gustos musicales –cantautores de canción protesta o determinado tipo de rock—y sus lecturas o su cine basado en películas comprometidas con temas de denuncia social los hacían también fácilmente identificables.

Y, por encima de todo, lo que los hacía inconfundibles eran sus aspiraciones políticas en un momento en que lo que se llevaba… eran las aspiraciones políticas.

Eran lo que llamaríamos hoy una tribu urbana: los progres.

Surgieron en los últimos años del franquismo y los primeros de la transición.

Para los que no vivieran aquellos años o para quienes hayan olvidado su existencia, se trataba de personas pertenecientes a familias de clase media o media alta, de izquierdas (o de ultraizquierda según el caso), con inquietudes intelectuales, reivindicaciones de clase (obrera, aunque eso no siempre encajase con su declaración de la renta), y en sintonía, (con menor o mayor conocimiento de causa) con el Mayo francés.

Ser progre era lo más in, aunque esto supusiera tener como ídolos unas figuras moralmente deleznables como el Che, Fidel Castro o cualquier otro tirano.

Ahora, en España, ser progre no es incompatible con chalet con piscina en la Sierra, como demuestra Iglesias, respaldar la tortura en Venezuela, abrazarse a los asesinos proetarras o decir memeces como Alberto Garzón.

Hay unas cuantas reglas que debes seguir si quieres ser considerado un progre de manual.

Alguien moderno considerado a sí mismo un amante de la libertad y la democracia cuando lo cierto es que no deja de ser un siervo de las dictaduras más sangrientas y un esclavo del Estado.

Vamos a repasar de la mano de Isaac Parejo algunas directrices que comparte esta nueva generación de progres adictos al iPhone y a los lujos más elitistas propios de la burguesía que critican.

Una conclusión

Esta es la España que tenemos. Un país en el que la derecha es vista con ojos del diablo y la izquierda es incluso ensalzada por los medios de comunicación. Un país en el que puedes lucir sin pudor una bandera de la URSS cuando debería estar al mismo nivel que un trapo con la esvástica nazi. Un país en el que admirar a Stalin es de progres y votar a Rajoy es de fachas. En definitiva, un país sin solución. Sálvese quien pueda.

Más en Educación

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by