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Realeza

Pilar Eyre: «Pertegaz y Letizia, una historia de amor ‘interruptus’»

Pertegaz contó que todo era mentira y que Letizia Ortiz era encantadora y dócil

Periodista Digital 23 Oct 2019 - 13:55 CET
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La periodista y pródiga escritora Pilar Eyre nos tiene acostumbrados a sus elegantes artículos repletos de sorprendentes exclusivas que nadie tenía ni esperaba, pero que ella consigue mediante sus inmejorables fuentes.

Su blog en la popular Revista Lecturas es una cita obligada con la actualidad bajo la inestimable garantía de la firma Eyre.

Nunca defrauda y en esta ocasión tampoco ha sido para menos:

¡Qué traje más feo! ¡El de Letizia, ese gris con unos floripondios como coliflores y lazo en el cuello! Con todo el respeto al maestro Pertegaz, al que quise mucho, Letizia llevó en Oviedo “un asunto de la marca renacida Pertegaz… ¡además de feo, desconcertante!”, según el impecable Carlos García Calvo. ¡Pertegaz y Letizia, una historia de amor ‘interruptus’!

Hizo el traje de novia, ¿recuerdan? ¡Qué gran relato hay detrás, daría para una serie! Tuve la exclusiva porque me lo contó inocentemente uno de sus escoltas, “la acompañamos a un piso de la Diagonal”, y pronto se filtraron datos de aquellos encuentros.

 

Que si a Letizia no le gustó el diseño del genial aragonés, que si se quejaba porque el vestido no le sentaba bien ¡y era que adelgazaba semana a semana! Lo último fue el escote. Obligó a modificarlo y, al final, optó por un cuello tipo ‘Maléfica’ que no le favorecía.

 

 

A través de las gruesas puertas de madera maciza del taller del modisto’ se oían gritos, y llegó a tal punto el runrún que Pertegaz se vio obligado a salir al paso, contó que todo era mentira y que Letizia Ortiz era encantadora y dócil. Luego, el 22 de mayo de 2004, fueron a Madrid a dar los últimos toques.

 

Una oficiala me confesó que, “de la mañana a la tarde pasamos de forma natural de tutearla y llamarla Letizia, a darle tratamiento de alteza, nadie nos dio instrucciones”. El vestido, con el bajo destrozado por la lluvia, tuvo que restaurarse, pasó al Museo del Traje y todo pareció olvidado. Pero Letizia siempre sospechó que el modisto se había ido de la lengua y le retiró su confianza. ¡Nunca más volvió a hacerle un encargo! Manuel Pertegaz se murió diez años después con esa pena dentro.

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