Los medios de comunicación en España son tan frágiles que los grandes emporios periodísticos sobreviven después de décadas de indolencia y sumisión, empeñados hasta las orejas tras meterse en aventuras económicas que les costaron el escaso crédito que les otorgaban los lectores.
Existieron siempre inversores en los medios de comunicación, pero no empresarios de prensa. Para la mayoría era un escalón en la carrera por el poder político, para otros un paso que les había dado la fortuna para crearse las bases de unos imperios de cartón piedra y subvenciones.
Hablar de El País no es lo mismo que decir Le Monde o Le Figaro; ni los paisajes que dibujan ni los paisanajes que los habitan.
La epidemia del coronavirus amenaza con llevar los medios de comunicación españoles a una UCI donde se animan a salvarlos el personal sanitario que se cuida del Poder, es decir, la dependencia partidaria cuando no presidencial.
¿Se han fijado que las entrevistas de Pedro Sánchez no las concede a los medios en general sino a los adictos, que son a la libertad de expresión lo que los colegios concertados a los públicos?
Raro es el día en que un miembro del Gobierno o un ‘asociado’ no deja en evidencia las intenciones liberticidas de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y el resto de la cuadrilla.
Y lo tremendo es que buena parte del periodismo nacional, traga.
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