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MINA MILEVA y VESELA KAZAKOVA: directoras de Pequeños milagros en Peckham Street

“La solidaridad entre nosotros no es tan buena como la de los hombres”

“El dúo demoniaco” es el apodo que les puso un parlamentario búlgaro

Gloria Scola 09 Ago 2021 - 15:39 CET
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Elegidas para presidir el jurado de la sección GIORNATE DEGLI AUTORI del Festival de Venecia 2021 que comienza el 1 de septiembre, las directoras búlgaras Mina Mileva y Vesela Kazakova acaban de estrenar en España Pequeños milagros en Peckham Street, una comedia dramática ambientada en un bloque de viviendas humildes en el Londres actual.

Ambas hablan con PERIODISTA DIGITAL de su película, de la situación de la mujer en el cine, y del revuelo causado en su país con sus anteriores documentales, Uncle Tony, Three Fools and The Secret Service y The Beast is Still Alive (La bestia sigue viva), en los que critican los resquicios del comunismo.

“El dúo demoniaco” es el apodo que les puso un parlamentario búlgaro

En los cines Embajadores de Madrid, inaugurados hace poco más de un año, las directoras y productoras búlgaras Mina Mileva y Vesela Kazakova se muestran muy contentas de estar en España. Cargadas de simpatía, hablan de lo mucho que les gusta el título español de su película, Cat in the Wall (El gato en la pared), bautizada aquí como Pequeños Milagros en Peckham Street. Esta comedia dramática presentada en los festivales de Locarno, Valladolid y Sarajevo en 2019, acaba de llegar a la cartelera española. También, del orgullo que les supone el hecho de que, por primera vez, dos directoras (ellas) hayan sido elegidas para presidir el Jurado de la sección Giornate degli Autore (centrada en cine de autor) en la 78 edición de la Mostra de Venecia.

Pequeños milagros en Peckham Street narra dos historias. Por un lado, cómo una emigrante en Londres, una arquitecta búlgara propietaria de un piso en un barrio obrero, decide adoptar con su hijo y su hermano un gato que parece abandonado, lo que generará un enorme conflicto con sus vecinos.

Por otro, la indignación de la protagonista ante las obras de mejora por parte del ayuntamiento, tanto del edificio  como de las casas (algunas, innecesarias), y que deben pagar solo los propietarios, no el resto de vecinos que allí viven gracias a los subsidios sociales.

Felicidades por ostentar la presidencia del jurado de GIORNATE DEGLI AUTORI en Venecia 78.

El comunicado de la noticia reza: “el presidente es una mujer. En realidad, dos”

(Ambas ríen). Sí, estamos muy contentas. Es maravilloso.

Ustedes son búlgaras. ¿Han hecho su carrera juntas?

MINA: No, en absoluto. Nos conocimos hace unos doce o trece años. Antes yo era animadora de cine y Vesela, una actriz con bastante reconocimiento, premios…

¿Y cómo acabaron trabajando juntas?

Mina: Por casualidad, como ocurren siempre estas cosas. Vesela estaba haciendo una película sobre su madre, un documental, y me pidió que hiciera algo de animación, y nos dimos cuenta de que podíamos exprimir contenido y formas.

Vesela: Fue una conexión instantánea, y, además, en un momento muy oportuno para ambas, ya que hasta entonces cada una tenía su carrera por separado, pero queríamos un cambio. Era el momento adecuado para compartir ideas a través de las películas, esta vez, dirigiéndolas. Yo, no solo delante de la cámara, y Mina, con la postproducción, aunque también estaba muy inmersa en la dirección de animación, pero no ficción. Sentamos unos puntos, y empezamos.

¿Es fácil hacer películas en Bulgaria?

Mina: Es fácil. De hecho, es más difícil en el Reino Unido, ya que ahí tienen tan poca financiación pública que, en ese aspecto, es más fácil en Bulgaria.

Vesela: Aunque para los directores es difícil en todos lados, ya que hay mucha competencia.

Mina: En nuestro caso particular, uno de nuestros documentales creó tanta polémica que…

Sí. Uncle Tony, Three Fools and the Secret Service (Tío Tony, Tres tontos y el Servicio Secreto), en la que narran cómo de los creadores de unos famosísimos dibujos animados en Bulgaria, solo uno, por su implicación con el régimen y con el Servicio Secreto, llegó a la gloria. El otro, sin embargo, tuvo que dedicarse a poner ladrillos.  

Mina: Sí. El gremio del cine pidió que jamás volviéramos a recibir ayudas. Así que fue una situación curiosa en la que un director encantador dijo: “Colegas, ya saben”. Es lo que había en los tiempos del comunismo, los llamados Juicios de Camaradas. Todos se juntaban y decían: “¿Deberíamos matar a este hombre? ¿Sí? ¿No?” Y así es como mataron a mucha gente en los años 40. En nuestro caso, este hombre dijo: “¿Deberíamos dejar de dar dinero a estas cineastas? Sí. Sí”. Era su forma ridícula de defender al país. Como no volvimos a recibir financiación, lo intentamos en la tele con una pequeña historia de un gato, sin connotaciones políticas, ni sociales… Solo un poquito (ríe). Y nos dieron dinero para un corto, que luego convertimos en largo (Pequeños milagros en Peckham Street). Si no, si les hubiésemos dado el guion exacto, no nos lo habrían dado.

Vesela: Sí, pero esta vez decidimos que no fuera sobre un asunto búlgaro, aunque se trate de una  familia búlgara en Londres, pero no en territorio búlgaro. Eso lo hace más fácil para nosotras.

La superficie de la película es que aparece un gato abandonado, o perdido, y la protagonista decide llevárselo a su casa. Después, el gato queda atrapado en un agujero en la pared. Sin embargo, el último plano, con los créditos, es el del derrumbe controlado de dos edificios. En ciertos aspectos recuerda a la denuncia social del cine de Ken Loach. ¿Ese director les inspira?

Mina: Nos sentimos halagadas por tal comparación, eso, desde luego. Y es una gran inspiración.

¿Cuál es el mensaje  o la conclusión de Pequeños milagros en Peckham Street, si es que lo hay?

Mina: La conclusión es que estamos en ese mismo barco que se hunde, el Titanic, que es el sistema de bienestar social, el cual se está yendo a pique, pero también hay una idea de esperanza, plasmada en que deberíamos tener más conexión con los animales, con los niños, y con nuestra parte femenina, que está representada en el alma, atrapada en cuatro paredes. Nosotras estamos atrapadas en hipotecas, tareas domésticas, y necesitamos nutrir un poco más nuestras almas y nuestros deseos de libertad.

¿Viven en Londres?

Mina: Bueno, ahora, más bien en el coche. Pero tenemos una base en Sofía y otra en Londres. De hecho, el piso que sale en la película es el mío. (Ríe) Y durante el rodaje, vivimos allí.

Vesela: Vivíamos allí todo el equipo.

Mina: La actriz decía: “Pasamos de estar comiendo pollo a, de repente, ¡a maquillaje!, porque hay que rodar.

El piso de la protagonista está decorado con mucho mejor gusto que el de los vecinos.

Vesela: Tuvimos una gran directora artística. Su filosofía es que, cuando incluyes algo en el decorado, tiene que parecer que siempre ha estado ahí. Ella fue la que pintó el cuadro del retrato del vecino, y también hizo el agujero en el que queda atrapado el gato.

Son las presidentas del jurado de Giornate degli Autori en Venecia. ¿Cómo ven la situación de las mujeres en el cine?

Vesela: Está mejorando.

Mina: Pero en realidad lo que hay es más debate sobre la mejora que verdadero avance. Hay que hacer más.

Para las mujeres, ¿es más difícil conseguir financiación?

Vesela: Desde luego. No solo en Bulgaria, o en Europa, sino en todo el mundo.

Mina: Tenemos que cambiar la percepción de la sociedad porque realmente las mujeres, en lo profesional, no son tomadas en serio. Y tenemos que ayudar a otras mujeres, ya que, de hecho, la solidaridad entre nosotras no es tan buena como la de los hombres. Necesitamos aprender que una mujer debe echarle una mano a otra en el ámbito profesional.

Vesela: Por ejemplo, tenemos amigas productoras que dicen: “Nunca contrataré a una mujer directora de fotografía, o en la dirección o en puestos de responsabilidad, porque tienden a ser vulnerables. Las contrataré para cualquier otra cosa”. Pues, vale. La solidaridad es necesaria, pero lo más importante es la ayuda profesional a las mujeres para que se integren bien en la industria.

Mina: Y también enseñar a los hombres un poco más de respeto, porque recuerdo que mi profesor dijo: “En la animación las mujeres son muy necesarias, porque tienen un toque delicado que no tienen los hombres”. Citaba una secuencia que ningún hombre sabía animar, la de un niño cogiendo una flor, hasta que llegó una mujer y le añadió su toque delicado. Su discurso era que las mujeres pueden ser muy buenas en su trabajo, pero que muy pronto se convierten en esposas. Y las perdemos.  Y la animación requiere mucho estudio, y no podemos invertir el tiempo en hacer animadoras. Deberíamos gastar nuestros recursos en los hombres, que ni se quedan embarazados ni hacen tareas domésticas (Ríe). Toma ya. Pero, desgraciadamente, es verdad.

Vesela: Sí. No se aleja de la realidad.

Mina: Las mujeres tienen que hacer estas cosas difíciles en la vida: dar a luz y pasar dos o tres matrimonios (ríe),

Vesela: Perdemos varios años en nuestra vida, al menos, diez, criando a los hijos. Y es verdad que es principalmente la responsabilidad de la madre.

Están hablando de conciliación laboral.

Mina: Sí. Y la percepción de las mujeres  también tiene que cambiar. No solo la de la sociedad. Tienen que pensar en ellas mismas. Porque, a menudo, nos encontramos con profesionales de cine mujeres que dicen: “No te molestes en llamarme. Tengo un bebé”. Y les dices: “Pero, venga, organízate. Puedes hacerlo todo”.

Alguien me hizo la observación de que, en los años 30, las mujeres en las películas eran fuertes, inteligentes, divertidas. Y las protagonistas de las tramas.  Carole Lombard, Barbara StanwicK, Merle Oberon, Greta Garbo, Claudette Colbert… Luego, en algún momento, pasaron a ser simplemente la novia o la mujer del galán.

Vesela: Qué observación tan interesante.

Mina: Se podría decir lo mismo de nosotras. Por ejemplo, en la era del comunismo, Bulgaria era fuerte en cuanto a mujeres directoras y temáticas de las películas porque, entonces, naturalmente, todo el mundo tenía que trabajar. Así que si el hombre era infiel, la mujer también iba a trabajar y también podía ser infiel. Ese era el escenario de nuestros padres. Ahora el comunismo ha terminado y hay amas de casa. Y una ama de casa no se puede liar con nadie porque es ama de casa, así que, en ese sentido, nos convertimos un poco como en occidente, y hay regresión.

¿Cómo es la situación ahora en Bulgaria?

MINA: Regresiva en muchos aspectos. Con la emancipación de la mujer, muchas mujeres han decidido vender sus cuerpos a hombres ricos; esto es una tendencia. Un día estaba en el colegio de mi hijo, y empecé a hablar con otras madres. Y cuando les preguntaba que en qué trabajaban, decían: “No trabajo. Ni yo… Ni yo…”. ¿Qué pasa? (ríe)

VESELA: Te dicen: “Me doy cuenta de que, haga lo que haga en el trabajo, no puedo ganar más dinero que mi marido”. Y les contestábamos que trabajar era importante para ellas mismas, su vida social, y que, aunque ganaran 100 o 200 euros, tendrían su propio dinero.

MINA: Y no es suficiente. El problema es que los salarios ahí son muy bajos, y las mujeres deciden ser amas de casa.

Por último, en julio presentaron en el Festival de Cannes su última película, Women Do Cry.

Mina: Sí. Es un retrato de la sociedad búlgara a través de una familia con muchas mujeres que tienen un padre y un abuelo muy respetable y que es el centro, e intenta organizar a este grupo de mujeres. Tiene parte de comedia, también rompe este estigma, un poco provocativa… Hemos conseguido molestar a varios núcleos búlgaros (ríe).

Vesela: Nacionalismos, homofobias, hay muchas cosas que los países del Este han encarado en los últimos años. Como Polonia, por ejemplo, que está en contra del aborto, así que se convirtió en una sociedad más estricta y conservadora. Quizá piensan que están perdiendo valores femeninos, porque siempre se apela a los valores familiares.

Mina: En cualquier caso, también hay humor. Es importante añadir un poco de humor a todo. Son pequeños detalles sobre pequeños fracasos humanos.

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