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La Casa Blanca se convierte en un plató de televisión permanente

Trump 2.0: El presidente es el mensaje y lo manda desde el Despacho Oval

El presidente reinventa su estrategia de comunicación con apariciones diarias desde el corazón del poder

Mario Lima 16 Feb 2025 - 14:54 CET
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Sin intermedios, guardabarreras o filtros.

Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca y, con él, ha llegado una revolución en la forma de comunicar desde la presidencia de Estados Unidos.

Lejos quedaron los mítines multitudinarios y los discursos improvisados de 90 minutos.

El nuevo Trump ha optado por convertir el Despacho Oval en su escenario predilecto, con apariciones casi diarias que son grabadas y emitidas por los canales de noticias.

El nuevo estilo de comunicación es un híbrido entre reality show y propaganda política, diseñado para mantener a la audiencia constantemente enganchada y a los medios corriendo para mantenerse al día.

Queda por ver si esta estrategia será sostenible a largo plazo o si el público eventualmente desarrollará «fatiga de Trump».

Lo que está claro es que, por ahora, el showman tiene a todos pendientes de su próximo movimiento.

UN MES DE VÉRTIGO

En las cuatro semanas escasas transcurridas desde su regreso a la presidencia, Trump ha aprovechado la solemnidad del histórico despacho del Ala Oeste para proyectar su autoridad.

Thomas Alan Schwartz, historiador presidencial de la Universidad de Vanderbilt, explica:

«Está utilizando esto para resaltar y acentuar su autoridad como presidente. No hay nada más autoritario que el presidente usando el Despacho Oval».

La confianza en Trump como su propio portavoz ha sido una parte explícita de la estrategia de comunicación de la Casa Blanca.

 Karoline Leavitt, la nueva secretaria de prensa, dejó claro en su primera rueda de prensa el 28 de enero de 2025:

«El presidente es el mejor portavoz que tiene esta Casa Blanca, y puedo asegurarles que escucharán tanto de él como de mí lo más posible».

El reality show presidencial

El estilo de comunicación de Trump 2.0 se asemeja más a un reality show que a una presidencia tradicional.

Cada día trae consigo una nueva «entrega«, con invitados sorpresa y giros inesperados que mantienen a la audiencia -y a los medios- en vilo.

Un ejemplo reciente fue la aparición de Elon Musk en el Despacho Oval, acompañado nada menos que por su hijo de cuatro años.

La imagen del multimillonario discutiendo planes para «jibarizar» la administración federal mientras su pequeño deambulaba por la alfombra presidencial fue, sin duda, un momento surrealista que captó la atención mundial.

La neolengua trumpista

Pero no todo es espectáculo en la nueva estrategia comunicativa de Trump.

El presidente está utilizando su plataforma para imponer lo que algunos han llamado una «neolengua» en Washington.

Términos como «diversidad» se han convertido en palabras tabú, el español ha desaparecido de la web de la Casa Blanca, y Trump ha llegado al extremo de decretar que el Golfo de México debe ser rebautizado como «Golfo de América«.

Esta última medida ha provocado un enfrentamiento con la Associated Press, cuyos reporteros han sido vetados de eventos en la Casa Blanca por negarse a adoptar la nueva nomenclatura en su manual de estilo.

La situación ha llevado a Reporteros Sin Fronteras a denunciar una «flagrante violación de la Primera Enmienda».

El arte de «inundar la zona»

Stephen Marche, autor del ensayo «La próxima guerra civil. Despachos del futuro de Estados Unidos», explica que la estrategia de Trump también pasa por «inundar la zona«, un concepto acuñado por el estratega Steve Bannon.

La idea es «secuestrar la atención de los medios y de la sociedad a base de anegar los conductos de la atención del público haciendo muchas cosas al mismo tiempo, sin dar respiro siquiera a la indignación».

Esta táctica se ha hecho evidente en las primeras semanas de su mandato.

Trump ha firmado decenas de órdenes ejecutivas, desde la creación de un Consejo Nacional para el Dominio de la Energía hasta la imposición de aranceles a Canadá y México.

Cada firma es un evento mediático en sí mismo, con Trump explicando la medida a los periodistas y respondiendo preguntas en un formato que recuerda más a un programa de entrevistas que a una sesión presidencial formal.

El «domador» de la prensa

La relación de Trump con los medios sigue siendo tensa, pero ha encontrado nuevas formas de manipular la cobertura.

 Margaret Sullivan, ex defensora del lector en The New York Times y columnista de medios como The Washington Post, advierte: «

Siempre ha sido un showman, orgulloso de ser, como él mismo dijo hace años, ‘una máquina de generar audiencia’. Ahora que es presidente de nuevo, no ha dejado de comportarse de esa manera».

Sullivan añade que esta estrategia no es solo por su anhelo de atención:

«Está constantemente actuando de cara a su base de votantes y seguidores. Ellos son los que le dan tanto poder porque le creen y aprueban sus decisiones, sin importar lo que diga o haga. Es su talento para manipular a la masa».

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