Más información
Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, mueve ficha tras la entrada en prisión de Santos Cerdán.
El terremoto judicial en el seno del PSOE ha reactivado las especulaciones sobre una posible moción de censura y ha devuelto al primer plano a un protagonista habitual: Carles Puigdemont, residente en Waterloo y símbolo viviente del enredo catalán.
En este contexto, Feijóo ha pedido a su nuevo secretario general del partido, Miguel Tellado, que sondee a los socios del Gobierno para comprobar si siguen respaldando al PSOE después del escándalo Cerdán. El mensaje es claro: no se trata, oficialmente, de negociar una moción de censura todavía, sino de poner a prueba la lealtad de quienes han sostenido la legislatura más endiablada en décadas.
Sin embargo, este miércoles apareció el presidente del PP por Espejo Público con Susana Griso, y allí detalló una vez más que le faltan 4 votos para una moción de censura y le deja claro a Puigdemont que no piensa ir a negociar con él a ningún sitio.
Junts pone condiciones: Waterloo como escenario y Puigdemont como interlocutor
La respuesta de Junts per Catalunya no se ha hecho esperar. El partido independentista catalán ha marcado sus condiciones: cualquier conversación seria debe celebrarse fuera del territorio español —por razones «sobradamente conocidas», en referencia a la orden de detención que pesa sobre Puigdemont— y con el propio expresident como interlocutor principal, acompañado por Jordi Turull y Míriam Nogueras.
Esta exigencia no es nueva. Junts ya había usado esa carta frente al PSOE para blindar el papel central de Puigdemont en las negociaciones que han sostenido viva la legislatura. El PP, sin embargo, ha rechazado tajantemente emular al socialismo viajero: «Nosotros no vamos a hacer lo que hemos criticado. No somos como el PSOE», ha sentenciado Tellado, zanjando cualquier posibilidad de desplazamiento diplomático a Waterloo.
Un pulso estratégico con aroma electoral
El movimiento tiene trampa. Junts busca legitimar a Puigdemont como interlocutor imprescindible, mientras presiona al PP para que cruce una línea roja simbólica: reunirse con un fugado de la justicia española. Desde Génova prefieren mantenerse firmes, conscientes del riesgo político y judicial que supondría dar ese paso.
Por otro lado, Vox observa con recelo y presión añadida. Su portavoz José María Figaredo ironizaba ayer con que si su apoyo no fuese necesario para una hipotética moción de censura, Feijóo ya estaría «rumbo a Waterloo». En paralelo, ERC se desmarca totalmente del PP, reiterando que las decisiones sobre el futuro deben pasar por las urnas y lanzando dardos sobre la corrupción tanto en el PSOE como en las filas populares.
¿Moción imposible o globo sonda?
El PP necesita sumar al menos cuatro votos más allá del respaldo garantizado de Vox para poder plantear una moción viable. Con Esquerra fuera de juego y el PNV jugando al despiste vasco —maestros en esto del equilibrio—, Junts aparece como el comodín imprevisible. Sin embargo, fuentes internas insisten en que un acercamiento real al PP sería «contraproducente» para los intereses independentistas.
Mientras tanto, desde el entorno popular recalcan que su ronda es simplemente «para escuchar», no para pedir nada concreto… aún. Feijóo mantiene así una postura firme —que algunos tachan de inamovible— frente a un clima político cada vez más volátil.
Más en Gobierno
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home