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Atípico 31 de agosto de 2026.
Todos los comunicadores estrella de radio y televisión adelantaron 24 horas su regreso a los micrófonos y las pantallas para comenzar la semana desde el inicio en vez de hacerlo con el mes, es decir el martes 1 de septiembre.
Y a buen seguro que Pedro Sánchez hubiese preferido que, por ejemplo, Ana Rosa Quintana no hubiese anticipado su regreso delante de las cámaras.
La presentadora de ‘El Programa de Ana Rosa‘ (Telecinco) le metió un buen estacazo al inquilino de La Moncloa asegurando que gestionó la crisis de Ceuta como una especie de «presidente sirena»:
En estos momentos difíciles, todos los españoles somos ceutíes, aunque el presidente cerrase el Estado por vacaciones enviando aquí a sus ministros a posar como si fuese un photocall. Sánchez ha gestionado la crisis convirtiéndose en un presidente sirena, vestido de cintura para arriba, y de cintura para abajo con bermudas y chanclas. Buceaba en el palacio de La Mareta cuando ya habían muerto alrededor de 150 personas en el mar y 70.000 migrantes habían cruzado la frontera. Cosas que pasan, según Marlaska, como la sarna y la tuberculosis, normalidad sanitaria, según la ministra de Sanidad. En la crisis de Ceuta, al CNI no le faltó la inteligencia, le faltó encontrar inteligencia en el Gobierno.
Ana Rosa, desde Ceuta: «¿Cómo el presidente está diciendo lo que está diciendo en este momento en Madrid viendo lo que estamos viendo? ¿No lo quiere ver, no le interesa?».#ceuta #sanchez #anarosa pic.twitter.com/A7cOkQp7NY
— El programa de AR (@programadear) August 31, 2026
Replicó a todos aquellos publicistas del Gobierno Sánchez que se atreven a hablar de normalidad en Ceuta:
La normalidad de Ceuta no es esto. Cada año visito la ciudad al menos en dos ocasiones y la normalidad de Ceuta es la de una ciudad multicultural. Uno de cada tres ceutíes es musulmán, conviven familias con apellidos españoles y marroquíes desde hace generaciones, incluso celebran procesiones juntos; hay una comunidad judía con antepasados que se pierden en los siglos, y hay una población hindú que desciende de los comerciantes que llegaron cuando por aquí pasaba la ruta más transitada del mundo. En Ceuta residen distintas sensibilidades que han aprendido a reconocerse en un mismo espacio. Una convivencia cotidiana, construida durante generaciones, con sus dificultades, sus tensiones y con la voluntad de seguir compartiendo ciudad. Por eso Ceuta es una expresión extraordinaria de españolidad: distintas comunidades que conservan sus raíces mientras comparten una misma patria, unas mismas calles y un mismo futuro. Un futuro que no debe ponerse en pausa.
Recordó que Sánchez no es la primera vez que traiciona los intereses de España con tal de darle gusto a Marruecos:
Sánchez dejó solo al Sáhara y ahora hace lo propio con nuestros compatriotas al otro lado del Estrecho. Ceuta no pide privilegios. Pide presencia. Pide que se comprenda que sus calles son también las calles de España. Defender la españolidad de Ceuta no significa levantar muros contra nadie. La identidad no es una frontera, la diversidad no debilita la pertenencia, pero una nación es más fuerte cuando quienes la integran se sienten respetados, reconocidos y forman parte de un proyecto común. Este Gobierno puede haberlos dejado solos, pero los españoles estamos con Ceuta, con una ciudad histórica que sigue después de siglos frente al Estrecho, mirando a Europa y a África, siendo simultáneamente frontera y encuentro. Comenzamos desde Ceuta, desde España, desde Europa.
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