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El Cielo se ha dignado a responder a mis humildes plegarias y Escolar el Chico, don Ignacio, se ha decidido al fin a iluminar a las oprimidas masas proletarias, ayunas de información veraz, lanzando su propio periódico digital, The Nacho’s Times o el Heraldo de Escolar, conocido oficialmente como Eldiario.es.
Lo esperamos como agua de mayo, ahora que el neoliberalismo ha secuestrado la información y no hay modo de saber quién ganó el partido del 29 de marzo de 2012.
Queremos decir, claro, la huelga general que, si hemos de creer los papeles -ya definitivamente voceros de los mercados-, muerto Público ha tenido poco de general.
Entre los diario generalistas de ámbito nacional sólo se desmarca El País, que aún pretende, para regocijo de todos, mantener la pretensión de que es de izquierdas.
No se atreve a titular con la noticia del día -a saber, si la huelga ha sido o no un éxito-, así que sale por peteneras:
«Los sindicatos amenazan a Rajoy con un ‘conflicto social creciente».
Es decir, renuncia a la noticia, porque la amenaza -¿eso no era un delito?- de la izquierda estaba ya descontada antes del 20-N.
El pataleo es a lo que recurre la izquierda cuando las urnas le dan la espalda.
Campaña de difamación
Pero eso va a acabar, con la próxima aparición del Nacho’s Times. Y no es que los mercados se hayan quedado cruzados de brazos viendo cómo su némesis, Nacho, se apresta a alzar sus armas contra el océano de los males, hacerles frente y acabar con ellos. No.
No. La caverna mediática ha iniciado una insidiosa campaña de infamias contra nuestro héroe.
‘Periodista Digital‘, ese cubil de lacayos del capital, publicaba el otro día una ‘información‘, por así llamarla, en la que pretendía que Escolar estaba tuiteando como si estuviera en la marcha sindical en el momento preciso en que disfrutaba de un merecido y agradable paseo por el Retiro madrileño en compañía de su compañera y el hijo de ambos.
«Escolar escribía en esos instantes -entre pajaritos y patos- que ‘literalmente’ no se podía caminar en medio de los manifestantes, porque la afluencia era monumental».
Y en respuesta al infame plumífero, decía Nacho:
«Estoy en la manifestación de Madrid. Sin duda hay muchísima más gente que en la anterior huelga general». Y añade que «los tuits que reproduce se corresponden en tiempo real con el momento que recoge la imagen».
Nacho, naturalmente, ha respondido. Concretamente, le dedica el último comentario en su blog, el más largo de la semana, «Grandes exclusivas de la prensa libre«.
No, entiéndannos, porque dé el menor valor al despreciable gacetillero, sino porque le invade la santa ira al pensar que han publicado la foto de su hijo, contraviniendo la ley vigente.
«He guardado capturas de pantalla de todo lo sucedido y pienso poner el tema en manos de un abogado«, señala Nacho.
«Supongo que los que son padres (y los que tienen un mínimo de sentido común) entenderán mi tremendo enfado con lo ocurrido».
El Trasgo, que es padre, no puede entender mejor a Nacho. Es cierto que en la única imagen que aparece publicada del evento -supuestamente hay otras que circulan por las redes sociales y los correos electrónicos- es una mancha borrosa que lo mismo puede ser el hijo de Escolar que el de Paquirrín.
También lo es que el propio Escolar, durante las manifestaciones violentas de Valencia, retuiteó una imagen de un niño sometido por un grupo de policías como si fuera ejemplo de represión de los antidisturbios valencianos cuando se trataba de la escena de un desahucio en Torrejón, y que si bien Nacho rectificó en breve, no tuvo reparos en hacer circular una imagen de un niño al que podía reconocerse perfectamente. Pero, ¿qué escribano no echa un borrón?
Nacho Menchú
Nacho no desmiente directa y llanamente la información. ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Alguien puede negar que Nacho estuvo en la multitudinaria manifestación (antes o después del entrañable paseo familiar, no lo deja del todo claro)?
¿Era o no era «monumental» la afluencia? ¿Es o no cierto que «apenas se podía andar» entre aquella muchedumbre, aunque Nacho, muy juiciosamente, optara por estirar las piernas por un primaveral Retiro semivacío? Pues entonces, hombre.
Lo que la obtusa derecha es incapaz de entender es que la Verdad revolucionaria, con mayúsculas, es algo mucho más grande e importante que esos mezquinos ‘hechos‘ a los que da una importancia obsesiva y desproporcionada.
El destino de Nacho ya lo sufrió Rigoberta Menchú, y obtuvo el Nobel de la Paz.
Cuando un periodista, tras investigar exhaustivamente, denunció que su biografía publicada se alejaba bastantes pueblos de la realidad, Rigoberta no se arredró, no devolvió el premio, no se disculpó: su libro era verdad, era la verdad «de todos los pobres de Guatemala«.
¿A quién le importa a quién le sucedió exactamente qué cosa? ¡Es la metaverdad, estúpido!
NOTA.- leer artículo original en ‘La Gaceta’
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