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El tiempos normales, el escritor Arturo Pérez-Reverte se limita a alborotar un poco el gallinero tuitero una vez por semana, generalmente los domingos.
Se marcha «al bar de Lola» y allí analiza a través de Twitter, siempre sin pelos en la lengua, los temas de actualidad y departe con sus seguidores y no seguidores hasta que Lola le ‘echa‘ de su bar.
Pero estamos en tiempos de coronavirus, con el personal confinado a la fuerza en casa y el académico, que no debe correr el riesgo terminar como el muñeco de Michelin porque siempre ha sido de natural enteco y poco tragón, y que tampoco es de los que salen al balcón a hacer el ganso, como le gustaría al Gobierno Sánchez que hiciéramos todos, parece haberse volcado en las redes sociales.
Con intención, sondeando a su manera la naturaleza humana y tirando estocadas a diestro y siniestro.
Parece que la ha tomado con los hombres que bajan a los perros.
Asegura que ahora hay más que antes paseando y eso coincide con que «se ven más cacas sin recoger«.
No sabemos si es exactamente así, pero da la impresión de que el personal va con prisa y se está saltando, más de lo normal, esa norma que obliga a sacar una bolsa de plástico del bolsillo e ir recogiendo a cada paso la caca que suelta tu mascota.
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