Qué tiempos aquellos en los que se decía que los medios de comunicación tenían que ser transparente y eso significaba que todos ellos estaban obligados a citar el nombre de su propietario para que sus lectores y espectadores lo conocieran, e identificar su sede social para que los aludidos pudieran remitir cartas de rectificación o incluso demandas por injurias o calumnias. Se suponía que eso era libertad de expresión.
Pues no, ahora sabemos gracias a los tertulianos que identificar al presidente de un Grupo Mediático o su sede social es ‘señalar’ y ‘delito de odio’. Pues vale.
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