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No deja títere con cabeza
El periodista David Alandete se ha convertido en la diana favorita del Gobierno de Pedro Sánchez en las últimas semanas.
Primero fue la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien le acusó de provocar que el presidente estadounidense, Donald Trump, hablase mal de España con sus preguntas. Después fue el turno del perro de caza del líder del PSOE, Óscar Puente.
Peor todavía es que a estos ataques se han sumado los lacayos mediáticos de Moncloa. La opinión sincronizada ha salido a intentar descalificar la labor del exreportero de guerra y actual corresponsal ante la Casa Blanca para el diario ABC y Cope.
Sin embargo, es alguien curtido y siempre dispuesto a dejar en ridículo a esos “guerreros de teclado” que han escalado siendo serviles ante el poder.
Una de ellas fue Luz Sánchez-Mellado, de El País, quien calificó como “show autobombástico” la defensa de Alandete ante la embestida de Moncloa. Para completar su descalificación, definió al periodista como “corresponsal-mártir-héroe nacional”.
El corresponsal no dejó pasar la falta de respeto y le recordó su actitud sumisa con sus jefes y cómo descalificaba a compañeros por la espalda:
“Ufff, era esta mujer la más servil con los jefes, sin disimulo, y además se postraba ante el que más mandaba para salvar el cuello, mientras descalificaba a compañeros por la espalda para abrirse hueco a costa de otros. Sus crónicas eran, a mi juicio, infames: puro exhibicionismo, llenas de referencias a sí misma y a su vida, de una ligereza y una frivolidad enormes, que no pedían edición sino reescritura total. Normal que ahora esté escocida”.
Ante esta respuesta al ataque gratuito, salió otro de El País, Miguel González, quien afirmó que Alandete llegó a director adjunto del mismo diario “por ser amigo de quien era” y no por sus méritos profesionales.
La respuesta del corresponsal fue un auténtico bofetón:
“Cuando te conocí, arrastrándote detrás de Moratinos, yo ya había pasado por un atentado en Kabul, había estado en Guantánamo y había pisado cadáveres en una masacre en Egipto. Para entonces ya me habían contratado como jefe de delegación en América, con el respaldo de varios subdirectores y el reconocimiento constante de Berna y Jan. Caño lo frenó y me mandaron a Madrid, donde tuve que soportar tus maniobras, tus crónicas interesadas y la frivolidad de Luz, cuyo único empeño era asegurarse una columna en El Semanal a costa de otros. Dos perfiles menores en una redacción que, por lo demás, sabía lo que era un oficio serio; nada que ver con tu forma torcida de entenderlo. Y te lo repito: olvídame y déjame en paz. Ocúpate de lo tuyo. Aquí, los que vais detrás de mí, sin que yo os nombre, sois siempre los mismos”.
Para completar el esperpento, González ahora tira del victimismo tras las respuestas tanto de Alandete como de ABC, quejándose del linchamiento después de sumarse él a los ataques contra el corresponsal.
Pero todavía le quedan fuerzas a Alandete para ir tras la cabeza que dirige los ataques en su contra:
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