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Campando a su anchas.
El reportero Cake Minuesa puso rostro y ubicación a una de las vergüenzas más flagrantes del actual panorama penitenciario español.
En exclusiva para ‘Okdiario‘, el comunicador localizó y fotografió al exjefe militar de ETA Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, paseando con total impunidad por las calles mientras disfruta del régimen de semilibertad concedido por el Gobierno vasco y con la anuencia del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Las imágenes son demoledoras: el terrorista, condenado a más de 377 años de cárcel por 21 intentos de asesinato y múltiples delitos de estragos terroristas, camina sin escolta visible, sin capucha en algunos momentos y, sobre todo, sin un ápice de arrepentimiento en su gesto.
Txeroki, uno de los dirigentes más sanguinarios del último ciclo de ETA, abandonó la prisión de Martutene el 9 de febrero de 2026 para iniciar su rutina de semilibertad: sale a las 8:00 de la mañana de lunes a viernes, realiza supuestas tareas de «trabajo y voluntariado» en Guipúzcoa y regresa a dormir al centro penitenciario antes de las 21:00 horas. Fines de semana completos en prisión. Una medida aplicada bajo el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, una figura «excepcional» que, en la práctica, se ha convertido en la norma para decenas de etarras en las cárceles transferidas al País Vasco.
El Gobierno vasco –con competencias penitenciarias cedidas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez– justificó la decisión alegando «preparación para la reinserción» y un avance notable en el cumplimiento efectivo de la condena.
Pero Txeroki ha cumplido apenas 18 años reales tras su detención en Francia en 2008. Su libertad definitiva podría llegar en julio de 2027, según fuentes penitenciarias. Un escándalo para las víctimas, que ven cómo uno de los cerebros del aparato militar de ETA –responsable intelectual de atentados como el de la terminal T4 del Aeropuerto Barajas o la casa cuartel de Burgos– camina libre sin haber colaborado con la Justicia ni haber pedido perdón públicamente a las familias destrozadas por sus órdenes.
Cake Minuesa, conocido por su trabajo de campo implacable en temas de terrorismo y okupación, siguió al etarra durante varias jornadas. Las fotografías muestran a Txeroki moviéndose con normalidad, sin el menor signo de contrición. «Ni se arrepiente ni pide perdón», resume el periodista en su crónica. Una actitud que contrasta brutalmente con el sufrimiento de las víctimas del terrorismo, muchas de las cuales aún esperan justicia para crímenes sin resolver.
Mientras Txeroki disfruta de su rutina diurna en libertad, las víctimas siguen clamando. Las imágenes de Cake Minuesa no solo documentan un hecho: son un recordatorio doloroso de que, para algunos, el final de ETA no significó el fin de la impunidad. Y para otros, el dolor continúa sin fecha de caducidad.
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