No se salva ni uno.
Todos los que forman parte del círculo de confianza de Pedro Sánchez están pringados. Y, poco a poco, se va descubriendo.
Desde el suegro proxeneta, la esposa y sus cátedras opacas, el hermano y sus enchufes, hasta los presuntos chanchullos de la «banda del Peugeot» —de la que, de momento, solo se salvan Adriana Lastra y él—.
Como dijo Feijóo esta mañana: «Sánchez no es un damnificado de la corrupción, es un encubridor, es un cómplice o un colaborador».
El «sanchismo» está siendo investigado por más de una decena de delitos que involucran a miembros clave de su Gobierno, de su PSOE y de su círculo íntimo. El último ha sido el escándalo de Borja Cabezón y su presunta implicación en un entramado de empresas pantalla para defraudar a Hacienda.
El alcalde de Madrid, Almeida, recordó que hace años el Gobierno de Sánchez le presionó de manera desmedida para que lo colocara como dirigente de Casa América.
Lo cierto es que quienes conforman el sanchismo creyeron que se iban a ir de rositas, pero la justicia los está cercando. Y lo está haciendo gracias a su descaro y su desfachatez, que se ven reflejados en los mensajes de texto y de audio que han trascendido sobre las distintas tramas.
Y es que todos alrededor de Sánchez, el yerno del proxeneta, son corruptos: Ábalos, Koldo y hasta el tato.
Alfonso Rojo aborda este y otros asuntos de actualidad en el «24×7» de este martes, 17 de febrero, junto al periodista de The Objective Marcos Ondarra.
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