Hay imágenes que explican mejor una situación que cualquier discurso parlamentario. Y lo que está ocurriendo en Ceuta es imposible de esconder debajo de la alfombra de La Moncloa pese a que el figura lo está intentando desesperadamente: con la ONU, con sus tiktoks o ahora con Maricarmen.
Tras la invasión de finales de julio, la ciudad autónoma arrastra una crisis que ha puesto a prueba sus servicios, a sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y, sobre todo, la paciencia de los ceutíes.
Más de 72.000 personas entraron desde Marruecos, y todavía a finales de septiembre el Gobierno no tiene idea de cuál es la cifra total de personas que permanecían fuera de los centros de acogida.
Pedro Sánchez compareció en el Congreso el 3 de septiembre para explicar la gestión de la crisis y aseguró que Ceuta es España en la frontera. También defendió la actuación de los agentes y anunció que el Gobierno había declarado la situación de interés para la seguridad nacional.
Pero Ceuta sigue esperando respuestas.
Y aquí aparece la comparación inevitable con Maricarmen.
El desahucio de la mujer de 87 años provocó una enorme conmoción política y mediática. Sánchez se pronunció públicamente, cargó contra Ayuso y Almeida y vinculó el drama de la anciana con la necesidad de aprobar medidas urgentes en materia de vivienda. El Gobierno anunció que llevaría «cuanto antes» al Congreso su decreto de vivienda después del desahucio.
Y en modo exprés, montó un Consejo de Ministros y ha llamado a un pleno extraordinario, sacaron dos decretos que no resuelven nada -más bien empeoran la situación- pero al menos pueden decir que han hecho algo.
La pregunta es: ¿por qué esa urgencia no se percibe con la misma intensidad en Ceuta?
Porque allí también hay españoles esperando. Familias que llevan semanas conviviendo con una situación extraordinaria. Policías y guardias civiles sometidos a una enorme presión. Una ciudad que ha tenido que absorber una llegada masiva de personas y que continúa afrontando las consecuencias.
Y mientras en Madrid se organizan acampadas, manifestaciones y discursos incendiarios alrededor del caso de Maricarmen, en Ceuta se acumulan los problemas sin que esa misma izquierda alce la voz. Al contrario, recaudan dinero para los invasores.
La política no debería funcionar según qué drama genere más titulares.
Si la vivienda merece una respuesta urgente, Ceuta también. Si el Gobierno puede acelerar un decreto después de la presión política y social provocada por un desahucio, también debería demostrar esa capacidad cuando una ciudad española lleva semanas soportando una crisis extraordinaria.
Porque Ceuta no necesita discursos.
Necesita que Sánchez se dé la misma prisa allí que cuando el foco mediático apunta a Madrid.
Este y otros temas en La Retaguardia de este jueves, 1 de octubre, junto al empresario Ignacio Basco y la periodista Carmen Obregón.
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