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Milagros Pérez Oliva ha retomado y profundizado hoy el hilo de su columna de la semana pasada, en la que ofrecía explicaciones acerca de los errores sobre los que los lectores de El País han protestado en las últimas semanas.
La pieza se titula «Cada vez más, y más deprisa» y la Defensora del lector del diario comienza confesando que su columna anterior ha provocado un debate interno en la redacción sobre los procesos de supervisión y edición de las piezas.
No cuenta que tanto Vicente Jiménez como Guillermo Altares, director adjunto y redactor jefe de la edición digital, respectivamente, admiten esas carencias a la hora de garantizar el buen acabado de los contenidos.
Pero, como suele ser habitual en periodismo, todo el mundo se justifica y busca excusas. Estás son las de Jiménez:
«Tenemos un gran desafío por delante, porque hemos de aumentar la cantidad de información y, al mismo tiempo, la calidad. Y todo ello en un momento de dificultades económicas y escasez de recursos».
Cuenta Milagros Pérez Oliva que ha recibido una carta del comité de empresa, que discrepa de los factores que, a la espera de un mayor desarrollo, apuntaba al final del artículo: un problema de exigencia individual, de supervisión y de formación.
Y sentencia el Comité:
«Achacar los errores a la falta de exigencia individual y de formación supone un ataque al honor profesional de la redacción».
«Las decisiones empresariales que se han tomado en los últimos años han desembocado en una falta de medios para garantizar la calidad del producto (por ejemplo, los correctores prácticamente han desaparecido) y a que los redactores soportan cada vez mayor carga de trabajo».
Nada nuevo bajo el sol.
En la página de la Defensora en Elpais.com pueden encontrar la opinión de muchos de los lectores que me han escrito sobre este tema, algunos para señalar nuevos errores.
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