La caída, hace dos décadas largas, de Moscú como Vaticano de la izquierda no ha terminado con el hábito del rojerío, convertido ya en una segunda naturaleza, de abominar de la discrepancia y ningunear a los disidentes.
Es más fuerte que ella. Así, el camarada Jesús Maraña, director de ‘Público’, puede permitirse empezar el billete con que abre la sección de «Opinión» (El discurso entrampado) diciendo que «la respuesta política y mediática del conservadurismo español a la llamada Conferencia Internacional por la Paz celebrada en San Sebastián establece tres opciones principales a la hora de calificar a quienes osen valorar su resultado como un paso más hacia el fin definitivo del terrorismo: o son cómplices de ETA o tontos útiles o ambas cosas a la vez (la ingenuidad buenista no estaría reñida con una astucia criminal gratuita o incluso retribuida)».
Retrato de reaccionarios
Con estas palabras Maraña se refiere, sin duda, a un liberal enragé como el veterano Carlos Carnicero («La Izquierda Abertzale culmina su estrategia. ETA consigue la liturgia para anunciar el final de la violencia»), el fascista de cinturón y correajes Iñaki Gabilondo («Euskadi no necesita una conferencia de paz») o, quizá, la voz de Wall Street Elvira Lindo (en ‘El País’ de ayer), («No podemos dejar de preguntarnos si no es una terrible incongruencia que después de tantos años de soledad inaceptable de las víctimas, de escasa y mezquina comprensión por gran parte de la sociedad, de la vasca y del resto, después de los éxitos policiales, del despertar de la solidaridad con los familiares de los muertos, después de los aciertos de la lucha antiterrorista, de las masivas condenas, de las manifestaciones de repulsa a los atentados, del coraje de algunos escritores o columnistas, después de la encomiable templanza con que el pueblo, el vasco y no vasco, ha respondido siempre al asesinato, a la violencia, al miedo, después de esta larga historia de pacífica resistencia, es humillante que se considere necesario que vengan mediadores internacionales para resolver el «conflicto» o la «confrontación», palabras tan falsas como contagiosas»).
El argumento de Maraña no hubiera perdido nada si se hubiera ahorrado el término ‘conservadurismo’ para demonizar una opinión que no es la suya, aun a costa del ridículo de calificar de ‘conservador’ a alguno que, como el citado Carnicero, le da sopas con honda en coherencia y veteranía izquierdistas.
Es el tic, la necesidad de definir el dogma y la línea del partido y condenar al fuego eterno de la derecha al que no piense igual. No tienen remedio.
Este es el diario que abre ‘Batasuna pide a ETA que lo deje’. Qué importante es saber cuál es el sujeto y cuál el objeto en determinadas frases. El titular de ‘Público’ parece replicar, a la inversa, al que abre la edición de ‘El Mundo’: ‘ETA ‘escoltará’ a Batasuna hasta alcanzar sus objetivos’. ¿Lleva Batasuna a ETA o ETA a Batasuna?
Esa es la cuestión. La misma tontuna de ‘después de mí, el diluvio’, el ‘prietas las filas’ de la ultraizquierda, afecta a nuestro Escolar el Chico, que, en imitación de don Jesús, escribe sobre lo mismo en su última columna, ‘El fin de ETA’.
Vuelven las ‘caenas’
La siguiente tontería progre viene de Carlos Carnicero -Las joyas de la patronal madrileña y el camino a la esclavitud-, y en parte la incluyo para que Maraña aprecie que, a apocalismo de izquierdas, todo el pelotón de ‘Público’ apenas le alcanza. Aprecien esta joyita, a cuenta de las recomendaciones de la CEOE:
«De momento no hay noticias sobre el retorno a la esclavitud. Tal vez esa propuesta la guarden para cuando el Partido Popular se instale en La Moncloa».
Imaginen durante dos décimas de segundo este comentario en La Gaceta:
«De momento no hay noticias sobre el retorno a la quema de conventos. Tal vez esa propuesta la guarden para cuando el Partido Socialista se instale en La Moncloa». Iba a encabezar ‘Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna’ de José María Izquierdo, con abundante glosa y llamadas al cierre del Grupo Intereconomía (nada nuevo aquí).
Pero la izquierda no insulta, es tolerante, es dialogante. Por definición. Los empresarios han pedido que se reduzca el coste del despido, los muy canallas. Lo que el convenio ha unido, que no lo separe el hombre, mejor cinco millones de parados que un solo trabajador fácil de echar.
Los ‘indignados’, ya lo contamos, pasaron el sábado pasado un feliz día de amor y compañía en Madrid y de violencia en Roma pero, como fenómeno ‘global’, la cosa apenas llega a anecdótica. Y la paletada de pensar que ‘el espíritu del 15-M se extiende por el mundo’ demuestra que se puede ser chauvinista desde la izquierda.
Lo digo porque, leyendo prensa de izquierdas norteamericana (no se pierden nada: no hay fronteras para la insensatez), encuentro exactamente lo inverso: los Occupy Wall Street presumen de que su movimiento se está imitando en todo el planeta. Qué divertida panda de narcisista.
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