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OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

¿Demanda del CAC? Dragó le pide a Artur Mas que deje de «tocarnos los cojones»

Santiago González coloca a Mayor Oreja como nº 1 en la lista del PP al Parlamento Europeo

27 Ene 2014 - 00:19 CET
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Raca-raca catalán. Quizás piensen los catalanistas que así los demás españoles nos cansaremos y ellos obtendrán lo que piden, pero me parece un método arriesgado, porque la simpatía y la admiración que tenían los catalanes en toda España, sobre todo entre las elites, se está desmoronando.

Fernando Sánchez Dragó (El Mundo) comienza su columna hablando de las dificultades de transmitir el concepto español de cursi a sus alumnos en universidades extranjeras, para acabar trasladándolo a la política española:

En el Diccionario de la Academia se barajan distintas acepciones. Una de ellas aplica tan infamante calificativo a «los autores y escritores, o a sus obras, cuando en vano pretenden mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados». Seguro que Artur Mas lo pretendía cuando hace un par de semanas aseguró que «Cataluña está a medio camino del infinito». ¡Ya hay que ser cursi para soltar eso!

Y concluye de una manera racial y celtibérica:

«El cursi nunca sabe que lo es», apunta Álvaro Enrique. Dése por aludido el molt honorable president y permítaseme añadir otro ejemplo. Una vez, al salir al patio de la cárcel de Carabanchel, uno de los estudiantes antifranquistas allí detenido -cursilín él- dijo a propósito de la siberiana temperatura reinante: «Sopla un céfiro que acaricia el cutis». A lo que un preso común que pasaba cerca adujo: «Lo que hace es un frío que corta los cojones». Por favor, president, no nos los toque usted más.

¿Le demandará el CAC a Sánchez Dragó por menospreciar a la máxima autoridad de Cataluña… después del rey de España?

Ignacio Camacho (ABC), que vuelve a despotricar de la pésima política de comunicación de Mariano Rajoy  con motivo de su discurso en Barcelona:

El presidente del Gobierno pronunció el sábado en Cataluña el discurso que se espera de un presidente del Gobierno en Cataluña. Tal vez fuese además en el caso de Rajoy uno de los mejores de su carrera.

(…) El presidente ha disparado su mejor bala al aire de un día de esparcimiento, cuando la sociedad desactiva su atención en el debate político. El pasado lunes, con toda la agenda informativa a su disposición, desperdició una entrevista televisada en prime time, y el sábado se tapó a sí mismo una declaración decisiva, formidable, con un calendario y un timing mal diseñados. Quería hacerla en Cataluña, claro, pero el jefe del Gobierno puede y debe elegir la planificación de sus viajes para que el efecto de su presencia alcance el mayor impacto posible. Y el conflicto catalán, que el nacionalismo alimenta con pasión contumaz día tras día y hora tras hora, exige algo más de dedicación que los fines de semana.

Pablo Sebastián (Republica.com) no considera tan excelente el discurso de Rajoy:

Rajoy sigue sin desvelar el cómo y cuándo frenará el desafío catalán si Mas se empeña en llevar a cabo la consulta por encima de la legalidad. Mayor claridad ofreció el presidente Rajoy a la hora de frenar la pretensión del juez José Castro de tomar declaración a la infanta Cristina, utilizando para ello y al servicio de la hija del Rey la Fiscalía y la Abogacía del Estado y el apoyo de los Ministerios de Justicia e Interior. El propio Rajoy se comprometió personalmente en el caso afirmando que la Infanta ‘es inocente’ y no debe renunciar a sus derechos dinásticos.

El venerable multimillonario (y fracasado político) Antonio Garrigues Walker vuelve a ocupar la Tercera de ABC para pedir que se arregle el conflicto desencadenado por Artur Mas y CiU cediendo a sus exigencias, y nos anticipa que los que mandan en Madrit ya están en ello:

Esta crisis económica de la que estamos saliendo con toda dignidad es un dato a tener muy en cuenta, pero no puede ser un argumento decisivo para exigir a nadie y en concreto a los nacionalistas y a los catalanes en general que, por esta razón, cesen o pospongan la lucha en defensa del reconocimiento de su identidad o en su lucha por la soberanía o la independencia.

Como he dicho en otras ocasiones, entre una independencia total sumamente problemática y una dependencia inconfortable y para algunos claustrofóbica, hay soluciones más sensatas, más realistas y más eficaces. No encontrarlas sería realmente injustificable ante una ciudadanía que ha demostrado una capacidad de sacrificio, de resiliencia, de moderación y de sentido común admirables. Se merece que sus dirigentes reaccionen con sensatez, con realismo e incluso, sin caer en utopías, con un mínimo de grandeza. Lo tienen que hacer y lo van a hacer. Ya empiezan a ser conscientes, aunque no se note demasiado, de que poner rumbo de colisión carece de todo sentido. Dentro de poco tiempo empezaremos a ver gestos y actitudes más positivos, más conciliadores.

A Garrigues, que nos llama a evitar «bravuconadas» y «descalificaciones absolutas», quizás le parezca lamentable la columna de Dragó. ¿Y la de Francesc-Marc Álvaro (La Vanguardia) en que afirma que el CNI va a intervenir en Cataluña para enmendar los errores de la convención del PP en Barcelona?

Supongo que el CNI debe dedicar la mayor parte de sus esfuerzos a corregir los efectos inesperados de la estrategia de la Moncloa para seducir a la sociedad catalana.

¿Es más europea Barcelona que Jaca o Pamplona?

La tribuna de El País, firmada por los profesores José Álvarez-Junco y Javier Moreno Luz y titulada ‘Argumentos trasnochados’, es una réplica a otra del economista César Molinas y refutan una serie de tópicos que éste, tan culto, enjaretaba. Veamos sólo uno.

En su opinión, el encaje de Cataluña en España es el de «un pueblo norteño en un país sureño», juicio simplista e indemostrable que, al parecer, es la clave del asunto. El carácter nacional «norteño» se sustenta, nos dice, en dos factores: la europeidad «pata negra» y una ética del trabajo que no considera este un castigo divino sino un signo de elección, a la manera calvinista (Max Weber mediante). Unas cuantas objeciones deberían bastar para derrumbar esta tesis: si la incorporación al Imperio Carolingio fuera el sello de la pertenencia a Europa, eso querría decir que los pobladores de otros territorios de la memorable Marca Hispánica -los de Pamplona o Jaca, pongamos- serían más europeos que los de Lleida, fuera de sus límites; y el resto de los españoles quedarían condenados a arrastrar per secula seculorum la herencia -africana, horror- de Al Andalus. Del mismo modo, los vascos o los valencianos, pese a poseer amplios tejidos empresariales y pasar por laboriosos, serían «sureños». A partir de aquí, los estereotipos se desatan

Carlos Cuesta (El Mundo) se pregunta adónde va el dinero que el Estado, o sea todos los españoles, entrega a la Generalitat catalana.

10.050 millones. Ése es el pago a la Generalitat con cargo al FLA -el fondo de rescate- de 2013. Una cifra que todavía no incluye diciembre.

A cierre de octubre, los derechos de ingresos reconocidos muestran un cumplimiento del 102,54%. ¿Y cómo van los gastos? Pues, lejos de los que se podría pensar, no están descontrolados, sino todo lo contrario: las obligaciones reconocidas presentan una ejecución del 73,50%. Momento en el que surge la pregunta obvia: ¿cómo pueden necesitar tanto dinero si cuentan con más dinero del previsto y están realizando oficialmente menos gastos? Una pregunta que nos lleva a la siguiente: ¿dónde está acabando el dinero que reciben? Y una pregunta que debería activar los resortes del Estado para acabar con una farsa no sólo enormemente cara, sino destructiva de España.

Vidal-Quadras se marcha del PP

Pero la noticia política del día es la marcha (por fin) de Alejo Vidal-Quadras del PP a Vox. El Mundo da el vídeo remitido por el eurodiputado catalán a los militantes del PP y añade una columna de Santiago González. Bravo por la rapidez del periodista.

Seguramente, el efecto práctico más inmediato de la marcha de Vidal-Quadras sea garantizar a Mayor su continuidad como cabeza de lista del PP para las europeas. Una mancha con otra mancha se quita, deberían pensar en Génova y, en todo caso, ya estamos hechos a ver el Parlamento europeo como cementerio de elefantes.

Rajoy ha tenido mala suerte. Precisamente este fin de semana, después de haber hecho la que seguramente es su mejor intervención, ha venido Vidal-Quadras a descuadrarle el panorama con una parábola agropecuaria y una paradoja que cala mucho en su público votante: «Hasta el presidente de honor se pregunta por qué Ortega Lara no está en el PP y Bolinaga está en la calle».

Es prematuro apostar por el éxito de Vox, pero lo que más debe temer el PP no es su capacidad de arrastre de voto, sino su capacidad de desgaste en el terreno de la legitimidad.

Otro político que va a ocupar las portadas y los telediarios españoles, y no por sus méritos ni sus obras de gobierno, es el francés Hollande. Sus cambios de parejas de hecho (ya va por la tercera en unos dos años) le sirven a Juan Manuel de Prada (ABC) para seguir acusando a la Revolución francesa de destruir el matrimonio, como ya hizo la semana pasada. El título de su columna: ‘El coleccionista de barraganas’.

Y esta hija bastarda de la era de las sombras [la Revolución] se puso manos a la obra, entronizando el adulterio, según lo demandara el espíritu de cada época. Durante el siglo XIX y primera mitad del XX, se puso a romancear con él, pues es achaque muy francés inventar suciedades para luego darse el gusto de embellecerlas; en la segunda mitad del XX y albores del XXI, sacándose del magín la golosina del ¡amor libre! y convirtiendo el adulterio, una vez desvanecido su carácter de cosa deshonrosa, en algo cuasi deportivo, como el pilates o el body-building.

Y una consecuencia de la destrucción de la moral es que ya el adulterio no tiene ni grandeza ni interés.

Y es que la pasión desordenada sólo conserva alguna grandeza mientras hay una moral rigurosa que la persigue: mientras esa moral subsiste, son posibles las grandes pasiones prohibidas, al estilo de Abelardo y Eloísa; pero, allí donde se ejerce sin trabas, el amor libre, a la vez que rechaza la tragedia, se hunde en el cieno de la vulgaridad más bufa, para ir a morir a un chiribitil con olor a semen revenido y jergón resudado, como les ocurre a este zascandil de Hollande y a sus barraganas. Y es que, como nos enseñaba (otra vez) Thibon, la facilidad lo corrompe todo, hasta el desorden.

Tambien en ABC, Isabel San Sebastián emplea la discusión dentro del PP de su proyecto de ley sobre el aborto para analizar la fuerza del pensamiento políticamente correcto:

El consenso se convierte así, siempre que convenga, en una especie de «nihil obstat» del pensamiento políticamente correcto, imprescindible para otorgar legitimidad a una norma. Una ley del embudo en virtud de la cual mis planteamientos van a misa porque son los buenos, mientras que los tuyos deben revisarse, rebajarse, adaptarse a mis puntos de vista, «flexibilizarse» y, en definitiva, desnaturalizarse, hasta lograr convencerme. En caso contrario no te doy mi bendición y tú no actúas.

Tal como lo veo yo, la exigencia de consenso no es sino una burda maniobra de bloqueo ante una ley de hondo contenido ideológico que para algunos constituye un «casus belli».

Ussía señala a Perón como el ‘padre’ de todos los ladrones argentinos

Una de las bestias negras preferidas de Alfonso Ussía es la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, anfitriona del ex juez Baltasar Garzón. En su columna  en La Razón, Ussía pega fuerte tanto a los peronistas como a los argentinos que les apoyan:

No hay cabeza humana que pueda entender que Argentina viva siempre al borde, o inmersa en la quiebra. Sus recursos son fabulosos y muy pocos sus habitantes. Pero desde el peronismo se ha instalado en su poder una caspa de retroprogresía peligrosa. Perón fue un ladrón. Y el entorno de Perón. Y los descendientes ideológicos de Perón. El pueblo se deja convencer. Argentina, tan culta, es la nación donde mejor se siembra el populismo barato. Su cosecha anual es impresionante, más que las que ofrecen sus tierras milagrosas.

Si todos los presidentes -y presidentas-, ministros, gobernadores y responsables de haber manejado el poder político y económico en aquella nación insuperable devolvieran la mitad de lo que han robado a lo largo de los últimos decenios, Argentina saldría adelante. Inmediatamente. Pero el patriotismo populista se queda en las palabras, en el discurso demagógico y en la mentira permanente.

En el mismo periódico, José Luis Martín Prieto, que fue corresponsal de El País en Argentina en los años 80, explica con más detalle la alianza entre los Kirchner y los terroristas montoneros:

Los problemas que afectan a los argentinos, al menos desde la rehabilitación de su trágica democracia en 1983, no son cambiarios, financieros o de modelo productivo, sino intrínsecamente políticos. El matrimonio Kirchner, para dar un perfil nacional al chavismo del que se reclaman, urdieron una base dentro del movimiento justicialista con los montoneros y sus hijos que habían desarrollado una guerrilla urbana de izquierdas desautorizada por Perón. El peronismo montaraz de los «montos» gobierna Argentina a través de un indefinido y cleptocrático nido de obsecuentes, en el que destaca el joven ministro de Economía, Axel Kicillof, artífice de la expropiación de Repsol como gran solución a su falta de caja.

En cambio, Joaquín Estefanía (El País) se olvida de los elementos políticos, la superestructura para un antiguo marxista como él, al exponer la crisis económica argentina. Al menos reconoce que los argentinos no quieren pesos:

la voracidad de los ciudadanos por comprar dólares y así defenderse de la subida de precios

Losantos aburre con la Infanta

La obsesión de Jiménez Losantos con la infanta Cristina hace que lleve unos días en los que sus columnas de El Mundo carezcan de ironía o se repitan:

La sana doctrina jurídica de la Justicia Simulada es la que los propios inspectores han explicado ante la pregunta: «¿Ustedes suelen aceptar facturas falsas como deducibles?». He aquí el Aranzadi Tributario: «Cada caso es diferente y la deducibilidad de la factura es relativa». O sea, que no hay ley para más de un contribuyente; y que el inspector considerará deducible lo que le dé la Real Gana. Lástima que los impuestos para el vulgo no sean simulados, como la Justicia.

Tiene más gracia la columna de Marcello (Republica.com) en que sostiene hay una mano negra detrás de los múltiples incidentes que están hundiendo el prestigio de la corona, el último de los cuales es la nueva avería del avión del príncipe Felipe:

El ‘enemigo’ está dentro de los palacios y buena prueba de ello se aprecia en el hecho incontestable de que los problemas de la Corona española tienen origen en el cúmulo de errores, despropósitos y abusos -el borboneo- de los miembros de la Familia Real, con la colaboración, por acción u omisión, de la Casa del Rey y de la Presidencia del Gobierno.

Y Almudena Grandes pone a su Atlético de Madrid como modelo de la verdadera España humilde y trabajadora, y a los otros dos grandes equipos, sobre todo el Barça de cuya presidencia ha dimitido Sandro Rosell, como creaciones de los sinvergüenzas:

La ilusión de la opulencia ha representado una bendición para los listos, los oportunistas, los sinvergüenzas de todos los sectores. También el fútbol.

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